Lo que el tiempo se llevó...

LAS CANTINAS DE VILLALMANZO

Las hoy olvidadas cantinas de Villalmanzo eran "establecimientos públicos que formaban parte de una instalación más amplia y en el que se vendían bebidas y algunos comestibles", según la RAE. Sin ningún rótulo anunciador, también las llamábamos tabernas, que hacían de colmados, es decir, bares y tiendas de comestibles a la vez. Con los años apareció la palabra bar que sustituyó a la de taberna y las cantinas se fueron transformando en bares o tiendas de comestibles. 

Cantina de Víctor y María: Situada en una placita de la calle Valcárcel, esquina a la del Centro. Era una gran casa de planta, piso, desván, bodega subterránea y corral posterior. Los dueños atendían con sus hijos a los parroquianos y llevaban también la labranza. En los años ochenta quitaron el bar y quedó como la frutería de Lorenzo y Elena durante unos años y después cerró en 1988. Hoy la casa está deshabitada.

Cantina de Víctor y María

Cantina de Severina y Teófilo: Haciendo esquina a las calles Palomillas y Ayuntamiento se encontraba esta gran casa de planta, piso y deván. Tenía una bodega subterránea, con pozo y un gran corral adosado a la casa. La familia llevaba también la hacienda agrícola. Con el tiempo se ha remodelado varias veces quedándose en bar al que después añadieron la carnicería de Ester y Eloy, que ha durado hasta hace pocos años. Hoy el edificio renovado es el Café Frías.

Cantina de Severina y Teófilo

Los salones: 

-El bar: En la parte baja, a la entrada de la calle, había la sala bar y tienda, con paredes ahumadas, con percheros y adornadas con algún calendario de gran tamaño. Unas pequeñas ventanas iluminaban pobremente la estancia y la luz lánguida de unas bombillas denoche (cuando no había apagones). Unas sencillas mesas y sillas, una estufa y al fondo el mostrador conformaban el mobiliario. Sobre sobre la barra servían las bebidas, vino sobre todo, en porrones o vasos. Allí tenían a la vista: una clásica balanza, botellas y algunas cajas con galletas, conservas de pescado y un surtidor de aceite. En la pared colgaban jamones, chorizos, bacaladas... Detrás, en un pequeño espacio, en el suelo dejaban los víveres más pesado y en rústicas estanterías botellas, cajas y latillas de conservas. En un ángulo apillaban sacos, garrafones, pellejos y  cajas de gaseosas y cervezas.

-El café: En la planta superior tenían otra sala extensa con paredes con percheros, dos ventanas a la calle, una estufa y varias mesa de mármol con bancos y sillas. Aquí los domingos se llenaba con los clientes que echaban la partida al mus, al subastado, a la brisca, etc. jugándose el café, la copa y el puro.

Víveres: Además de lo que se consumía en la cantina, vendían para llevar productos a granel, como: vino de cubetes u odres, licores de garrafa, aceite de bidones, azúcar de sacos, arroz, patatas... Las conservas de pescado a granel, estaban expuestas en sus recipientes como los chicharros en escabeche en latas o barriles, las sardinas arenques en tabales, el bacalao salado en sacos... Con el papel de estraza se envolvía todo. No había entonces bolsas de papel ni de plástico. Se vendía al contado, pero con frecuencia no había liquidez y se apuntaba en un cadernillo lo que se daba fiado. El cobro se esperaba... o a la recogida de la cosecha... o a que el tiempo lo "borrara"... También era frecuente el trueque, en especial con los huevos, porque casi todos tenían gallinas en el corral.

Costumbres: 

-La copa: En Villalmanzo los inviernos eran muy rigurosos. Las mañanitas aparecían heladas y nevadas. No se podía trabajar el campo hasta el deshielo. Las casas no tenían calefacción y estaban gélidas. Los labradores y jubilados acudían a quitarse el frío a la cantina. Pedían una copa de aguardiente, orujo, "consuenda" o anís. El de posibles pedía un bizcocho o una galleta de coco. Y otros traían de casa una rebanada de pan que regaban con licor. Así se "calentaban" intercambiando opiniones de toda clase y contando las novedades del día y entre risas: chistes, anécdotas curiosas y trolas.

-Los cánticos: Los mozos al regreso de las labores del campo se "arreglaban". En la taberna se juntaban y tomaban un porrón de vino o unos vasos. Cuando había alegría cantaban a coro o el solista interpretaba unas rancheras o canciones populares. El ambiente se cargaba con el humo y no se acordaban de la hora de la cena hasta que un pequeño les avisaba.

Interior de la cantina

El progreso:

-La prensa: Las cantinas fueron las primeras que ofrecieron la lectura del "diario" a los clientes. Los pocos que lo leían, y sobre todo el cantinero, daban las noticias recientes a los parroquianos, comentando lo que pasaba en el "exterior".

-La radio: El los años 50 empezó a mejorar la economía y la electricidad. Aparecieron los primeros aparatos de radio y las cantinas fueron las primeras que los tuvieron. Era para todos una gran novedad oír las noticias del "parte" y escuchar a los antiguos y nuevos cantores, sobre todo a los de la copla. Después fueron adquiriendo esos costosos aparatos las familias pudientes. Y las amas de casa al hacer la limpieza, cantaban por soleares imitando a las folclóricas. 

El teléfono: También se puso el primer teléfono público en 1957 con una centralita en la cantina de Severina. Se tiró una línea que no se usaba gran cosa, pero que fue un gran adelanto en las comunicaciones, con muchos inconvenientes de un funcionamiento no bueno: ruidos, cortes, esperas... En una habitación contigua al bar dividida en dos departamentos estaba el locutorio. Había que pedir una conferencia para hablar con alguien y podían tardar horas en darnos la llamada.

-La televisión: En los años 60 vinieron las televisiones y también las cantinas fueron las primeras en ponerlas a la vista del público. Y cuando había un acontecimiento importante se congregaban los mayores y niños para verlo. Y entre el humo, el calor, las voces, aquello se caldeaba sobre todo en la retransmisión de partidos de fútbol y de corridas de toros. Así que no faltó clientela hasta que pusieron el Teleclub y los vecinos pudieron comprarse una tele.

Los juegos:

-Los de mesa: Las personas mayores, entre semana y los trabajadores los domingos, solían echar la partida en la cantina por la tarde mientras tomaban café. Jugaban con las cartas a los juegos tradicionales. En ocasiones era sólo era un pasatiempo y en otras se jugaban la consumición o las "perras".

-El futbolín: Llegó en los años 50. Fue una novedad atractiva para los jóvenes. Se hacía cola al principio para poder jugar. Y porque escaseaban las pesetas, se trampeaba para sacar alguna bola o partida gratis. 

-El billar: Este juego, más refinado, tuvo su atracción cuando más tarde también lo pusieron en la sala del bar. No faltaba el bruto e inesperto que hacía una brecha en el tapete de la mesa de billar.

Conclusión: Adiós a las cantinas de mi niñez. Adiós a las de los pueblos y estaciones de ferrocarril que quitaban el frío, la sed y el hambre en las largas esperas. La evolución de los tiempos, en especial de la economía y las costumbres, las superaron. Fueron dinamizadoras de cultura, comunicación, progreso y sociabilidad en el pueblo. Hoy una cantina aparece deshabitada y otra se ha remodelado y ampliado siendo un moderno bar. Recuerdo los afanes de los cantineros en mover aquellos pesados bidones de aceite, las cajas de refrescos, los pellejos y garrafones de vino y sobre todo el amable servicio a la clientela. Suplieron con su esfuerzo aquellas grandes limitaciones de no tener agua corriente ni servicios higiénicos, con mala luz electrica, sin ningún electrodoméstico. Los niños entrabamos con frecuencia a hacer recados, desde comprar una caja de cerillas a otros más complicados que fiaban las madres a nuestra memoria y que a veces olvidábamos por el camino. ¿Quién no recuerda aquel caramelo grueso o la pasta de coco que rara vez nos compraron? ¿Qué pasó de los cuadernos de fiar? Algunas cuentas se liquidaron y otras... los buenos cantineros... las "olvidaron". Vaya para ellos el recuerdo de gratitud a su bondad y servicialidad, porque a las cantinas de Villalmanzo... el tiempo se las llevó... ¿para siempre?

 

 Carriguera

 

Edita:

Parroquia de Villalmanzo

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