EL LOBO DE VILLALMANZO
El lobo, ¡qué buen turrón! No, me refiero al canis lupus signatus, más conocido como el lobo ibérico. Es el depredador clásico de los campos de España desde tiempo inmemorial. Los machos con 115 cm de largo, 80 cm en la cruz y unos 40 kg. y un poco menos las hembras. De color claro a oscuro y blanco en las bigoteras. Carnívoro que se alimenta de presas silvestres como ciervos, corzos, jabalíes, conejos, ratones… y domésticas como caballos, vacas, cabras y ovejas. Vive y caza en manada. Bajo el dominio de la pareja dominante, la jerarquía se mantiene férrea por el macho alfa. Algunos ejemplares abandonan el grupo y son los lobos solitarios. Su aullido resuena en las noches y mete miedo al pastor y al villano. Temido, odiado y perseguido siempre y más en el pasado siglo, hasta la eliminación en amplias zonas de España.
¡Que viene el lobo! De niños en los años 50 del siglo pasado, en Villalmanzo. el lobo era uno de nuestros “terrores favoritos”. Todos recordamos las fábulas de Pedro y Pablo gritando ¡que viene el lobo!, que asustaba a los labradores y corrían para proteger al zagal y su rebaño. Y la gracieta del zagal al engañarlos, no gustaba. En la zona rural vivíamos intensamente los cuidados de los animales que tenía la familia. Los niños después de la escuela, debíamos preparar la “cena” a las ovejas. Recuerdo que los pastores relataban los ataques a reses en pueblos vecinos y se nos ponían los pelos de punta. Contaban que en Villalmanzo, entró un lobo en una tenada y devoró cinco ovejas. Recuerdo que un señor muy serio, afirmaba que una noche gélida sus mulos estaban muy sobresaltados y él (muy valiente) estuvo a punto de levantarse y salir al balcón con la escopeta.

La Boca La Loba: No conocíamos el refrán de “arrimarse a la boca del lobo, es de hombre bobo” y de niños íbamos a este paraje que nos inquietaba. Era una pequeña cueva que había en el camino de la calle Villafranca a Torrecilla. Estaba en un gran talud de una antigua adobera. Había que trepar un poco para ascender a la cueva. Podría ser el final de una bodega o el refugio de adoberos. Tenía unas cuantas bocas de madrigueras de conejos. Nos metíamos y creíamos que por allí, a veces, andaban los lobos. Un poco más lejos sí los hubo. A principios del siglo XX, mi padre, siendo niño, fue a segar a Zorromalo. Se quedó con su padre a dormir en el rastrojo. A media noche oyeron aullidos de lobos y se volvieron a casa… corriendo.
Y sí, vino el lobo: Como en la fábula famosa, después de repetirlo, al final sí que llegó. En aquellos años 50 se hablaba de varios ataques a rebaños en los pueblos vecinos por un lobo solitario. Creo que fueron dos cazadores de Lerma los que mataron un lobo por las cercanías. Y una fría y oscura noche llegaron a casa dichos cazadores con el “lobo”. En la penumbra del portal, siendo niño pude ver aterrado a aquel animalote, para mí enorme, con su piel rellena de paja. Mientras, los cazadores explicaban su “proeza” a mis padres esperando una propina. Aquella era la “terrible fiera” que aterrorizaba a los niños. Creo que desde entonces no se han tenido noticias de algún lobo por los contornos.

Áreas de dispersión: Siempre el lobo estuvo presente en toda la península. Desde la Reconquista se han ido repoblando los territorios. Los labradores desforestando y roturando campos y los pastores con sus rebaños han restringido las áreas del lobo. Han ido arrinconándole hacia las zonas altas y escabrosas. Hasta mitad del siglo XX el lobo se extendía por toda España. Pero se le ha visto como un peligro para las personas, aunque dicen que no ataca al hombre, y más para los ganados y la caza. Los ataques a los rebaños, exasperaban a los pastores. Su aullido aterrorizaba en las noches de luna llena. Después de la segunda mitad del siglo pasado su hábitat se ha reducido y están confinados al noroeste de España.
Exterminio: Tradicionalmente se persiguió al lobo. Con toda clase de armas y trampas trataban de vengarse de él. En pueblos del norte de Burgos existían unas loberas: construcciones de dos paredes en ángulo con un foso. En Espinosa de los Monteros queda una con las paredes de 300 m por 2 m de alto. Los pastores avisaban de la presencia de lobos. El pueblo dedicaba un día y hasta 200 loberos acosaban a la fiera y la obligaban a entrar en la lobera para caer en un foso. Las tenadas con paredes no altas o endebles puertas no evitaban la entrada de lobos. Los pastores para no verse sorprendidos construyeron otro tipo de loberas. Eran pequeñas construcciones cónicas a la entrada de las tenadas. Tenían una puertecita y una abertura en el techo. Allí pasaban la noche. En Caleruega todavía se conserva una. En la posguerra se persiguió e incentivó la caza del lobo. Así desapareció del centro, sur y este de la península.
Protección: Pero llegó la televisión y por obra del buen Rodríguez de la Fuente (que me firmó un libro) nos hizo ver aquella fiera, el lobo, con otros ojos. Le contemplamos cómo se movía entre ellos con naturalidad e incluso jugando, como si estuviera “bailando con lobos”. Cambió un poco la mentalidad de la gente y de los gobernantes. Estos trataron de protegerlos. Empezaron a decretar vedas a su caza en determinadas épocas. Hoy en día con el movimiento ecologista, el observatorio del Lobo Ibérico de Robledo (Zamora) y algún divulgador como Carlos Sanz, se ha iniciado una leve recuperación del lobo. Se calcula que hay unas 300 manadas o grupos en el territorio nacional. Pero también aseveran los ecologistas que cada año desaparecen por caza furtiva, batidas autorizadas y otros motivos más de 600 lobos.
Conclusión: El lobo ha estado siempre presente en la historia del hombre. Las primeras civilizaciones domesticaron al lobo y le convirtieron en su perro fiel. Le hemos dedicado esculturas como a la Loba de Roma. Son los protagonistas de innumerables pinturas, libros, novelas, fábulas y cuentos para niños. En películas, nos han metido miedo con sus aullidos y la aparición de licántropos en el plenilunio. Sin embargo, los niños y mayores hoy apreciamos mucho los reportajes de su vida y costumbres en la tele. Nos despiertan su estima como San Francisco con el lobo de Gubio. Hoy se reconocen sus beneficios controlando animales débiles y enfermos para evitar contagios. Parece que van expandiéndose, aunque sufren de endogamia, esperando que se habiliten corredores biológicos por toda Europa. Los ganaderos acusan al lobo de ataques que pueden ser de perros asilvestrados. Se les aconseja prevenirse con mastines y cercas eléctricas, pero se quejan de la falta de ayudas e indemnizaciones de las Administraciones. Esperemos que ganaderos y lobos lleguen a una buena coexistencia y que al pobre lobo le dejemos por fin vivir en paz y no tengamos que lamentar que el tiempo se los llevó….
Carriguera