LOS ESQUILADORES DE VILLALMANZO
Vamos a recordar una de las profesiones que ha desaparecido en Villalmanzo. Debido a la modernización en las tareas del campo, en el pueblo ya no se ven a los esquiladores. Desde tiempo inmemorial hasta los años 90 del siglo pasado, ejercieron su modesto oficio.
Las familias numerosas de los cascajuelos eran agricultoras, viñadoras y ganaderas a tiempo parcial. Cada una tenía unas pocas y malas tierras, pocas viñas, dos animales de tiro, unas pocas ovejas, algún cerdo, unas gallinas y conejos, pero pocas “perras”.
La mulada: La formaban los animales de tiro: caballos, yeguas y mulas, en la parte del año que no trabajaban y los de cría. El mulero los recogía por las mañanas en el Corral de las Burras. Los sacaba a pastar por las cañadas, el monte y los barbechos. Por la tarde los mozos y muchachos recogían los animales con sus cabezadas. Los jovenzuelos se lucían entrando en el corral para amarrar a los animales más indómitos, los montaban y salían “echando chispas”.
Los esquiladores de mulos: Un padre con sus dos hijos, altos, delgados y morenos, curtidos por los soles y los fríos vientos, venían de Lerma con sus utensilios para esquilar. Pregonaban por el pueblo su quehacer con la clásica flauta. Próximo el verano, era cuando más trabajo tenían. Su faena la realizaban en plena calle, con unos utensilios sencillos: tijeras, maquinillas, cepillos y trabas. Vestidos con unos monos azules comenzaban la tarea trabando las patas y haciendo una línea recta a lo largo de los costados del animal. Dejaban la parte baja de la tripa sin esquilar. Cortaban los pelos de la crin y del rabo con las tijeras, recogiendo los largos. Con una mano en un mango de la maquinilla y la otra moviendo rápidamente el otro, iban cortando el pelo. Empezaban en la línea y subían hacia la parte superior del lomo. En franjas seguidas de 6 cm iban cortando los pelos y tirándolos al suelo. A veces los barrían los dueños o el tiempo se los llevaba con el viento y las lluvias. En los años 60 en La Mancha se pagaban 7 pesetas por esquilar un par de mulas y 3 por un burro, que se tardaba 45 minutos.
Los rebaños de ovejas: Se guardaban en verano en las tenadas del campo y en tiempo frío en las del pueblo. Los rebaños que a principios del siglo pasado llegaron a la decena, en los años 90 desaparecieron. En Villalmanzo cada pastor arreaba poco más de un centenar de ovejas de uno o varios propietarios.
Esquiladores de ovejas: Una vez al año, siguiendo el refrán “entre San Juan y San Pedro esquila el carnero”, los pastores lo hacían a las ovejas churras de Villalmanzo. Solían ayudarse entre pastores y dueños. Grupo improvisado, que en las tenadas del pueblo ataban y tendían cada oveja sobre unos rústicos tableros para esquilarla. Con unas tijeras especiales, recortaban la lana tratando de que el vellón saliera completo. Recogiendo también las guedejas que quedaban. Y aunque “el buen pastor esquila las ovejas, no las despelleja”, no faltaban heridas a los animalitos por las agudas puntas de las tijeras y la poca destreza. Los mejores vellones se utilizaban para hacer colchones propios, para hilar y tejer jerséis, bufandas, medias... para la numerosa prole familiar. Los demás se vendían al pellejero del pueblo o a los laneros que venían a comprarlos.
El esquileo actual: En las zonas de grandes rebaños de ovejas, como las dos Castillas, Aragón y Andalucía, esquilan dos veces al año. Después de un reciente y gran descenso de la cabaña lanar, de 22.000.000 de ovejas en 2007 a 12.600.000 en 2015 y como sigue la disminución, hoy lo hacen todavía a menos millones. Según la Asociación Española de Esquiladores de Ovejas, hay unos 700 esquiladores: nacionales, polacos, rumanos y sudamericanos, que van en cuadrillas de unos siete. Con las modernas máquinas eléctricas, la especialización y destreza en el oficio, uno esquila una oveja en dos minutos por 1,15 €. Pudiendo cada uno esquilar hasta 600 ovejas al día. El vellón pesa poco más de 2 kg y se vende la lana después de una gran depreciación sobre 0,40 € el kg.
La esquila del ganado equino, mular y asnal, ha desaparecido en multitud de pueblos al sustituir los tractores a los animales de tiro. Por ejemplo, en 1995 había entre mulas y asnos unos 203.097 y en 2016, solo quedaban 45.624 animales.

Conclusión: En Villalmanzo han desaparecido los animales de tiro, también los rebaños de ovejas y en consecuencia los pastores, los esquiladores y el pellejero. Hoy podemos contemplar tan solo: un caballo, una burra y una oveja. Ya no se oyen las esquilas en las mañanitas ni en los atardeceres por las calles, dejándolas llenas de cagarrutas. Ya no van a lavar los vellones a las pozas o al arroyo. Casi nadie varea la lana y hace colchones para casa ni la hila en la rueca. Pero todavía podemos contemplar en algún pueblo una exhibición del esquilador o asistir en Castuera y Salguero de Juarros al Concurso Anual de Esquila. Y aunque veamos a alguien “ir por lana y volver trasquilado” o “que se pone como el chiquillo del esquilador”, lamentamos que hoy en Villalmanzo no haya animales de tiro ni rebaños. Pero seguimos recordando con nostalgia a aquellos esforzados esquiladores que el tiempo se llevó...
Carriguera