EL RELOJERO DE VILLALMANZO
¿Pero, en los años 50, había un relojero en Villalmanzo? No, sin embargo Jesús Obregón, hermano del tio Abundio era relojero a tiempo parcial en Bilbao. Venía de vacaciones a la casa familiar. Preocupado por las cosas del pueblo, trató de ayudar en lo que sabía.
En lo más alto de la fachada sur de la torre estaba la esfera del reloj de pesas de la iglesia. La maquinaria estaba en el interior de la torre, en un pequeño reducto cerrado con endebles tablas. Al otro reloj, el solar, nunca se le vio la hora, pues no tenía gnomon. Así que aunque los mayores lejos del pueblo hablaban de la hora solar, nunca la pudimos ver hasta hace pocos años que le pusieron el estilo. No habían llegado los relojes de pulsera. Solo algún anciano enseñaba uno de bolsillo, heredado, que sacaba del chaleco atado de una cadena y con un ritual solemne abría la tapa como si enseñara una joya. El reloj de la torre orientaba las faenas del pueblo en especial cuando se tenía que coger el autobús o ir a la escuela. En las faenas agrícolas o ganaderas no tenía importancia la puntualidad. Este reloj era apreciado aunque no fuera "el de Benavente", hasta que se volvía "loco" y no paraba de dar (la lata) campanadas. No recuerdo si el campanero lo volvía "cuerdo", pero cada pocos días tenía que subir los 80 escalones de la torre para darle cuerda con una manivela.

Un día de verano, este relojero, ayudado por el sacristán Modesto, preparaban una barquilla, como la de los globos. La colgaban desde el tejado de la torre. Sostenida por un andamiaje improvisado, allá se deslizaba el relojero para pintar la esfera. Desde el suelo apenas veíamos su cabeza, mientras admirábamos su valor y sufrimiento al "retestero" (resistero) del sol, en las horas de canícula y bochorno. Cada año con toda su paciencia pintaba la esfera y dibujaba los números.
Empezó haciéndolo gratis. Pero al oír a la gente comentar que otros no lo harían por nada del mundo, comenzó a cobrar un simbólico duro de aquellos tiempos. Llegando años más tarde a cobrar hasta cuatro duros.
Al viejo reloj, proyectado en 1608 y renovado a finales del siglo XVIII, lo jubilaron. Su maquinaria "descansa" en el campanario. La esfera ha desaparecido en la cara sur de la torre, (quedando un marco nada estético). Un nuevo reloj eléctrico, que en 1991 lo sustituyó y que en 2010 hubo que arreglar, da movimiento a dos esferas en el torreón de la escalera. Con esta orientación, el pueblo puede ver la hora desde muchos lugares. Y aunque sus campanadas siguen resonando en los aires como cuando éramos niños, para orientación de despistados, insomnes y pena de enfermos; vaya este recuerdo y agradecimiento a tan arriesgado relojero por su servicio al pueblo de Villalmanzo.
Ardem