Editorial

OTRA POLÍTICA ES POSIBLE...

Los últimos meses han sido meses muy convulsos en el panorama político. Los casos de corrupción, el descrédito de la clase política, el desprestigio de instituciones clave en la vida ciudadana… unido a la crisis económica provocada por un sistema financiero inmoral y manifiestamente mejorable y que únicamente busca soluciones que dañan cada vez más la cohesión social haciendo cargar sobre los más débiles el peso de la crisis, han hecho que la ciudadanía en general se sienta profundamente indignada a la vez que perpleja. Cunde el desánimo, el abandono de la política como camino privilegiado de la caridad, el retorno a soluciones individualistas, el “yo a lo mío”…

Ante esta situación, los cristianos no podemos quedar impasibles. El proyecto de Jesús, que es el proyecto del Reino del Padre que quiere que vivamos como hermanos, nos invita a descubrir que hay otra manera de hacer las cosas. También la política. Cuando el Papa está repitiendo que quiere una Iglesia que salga, que no se encierre, que esté presente en las “periferias existenciales” nos está invitando a hacernos presentes en todos los ámbitos de la vida, renovándolos. ¿Cómo? Desde lo genuino del cristianismo que  es la comunión.

Vivimos tiempos donde se impone profundizar en el auténtico sentido de la comunión. Hoy, más que nunca, es necesario despertar en nosotros la conciencia de los vínculos que nos unen unos a otros que nos provocan al trabajo de unos para con otros. Desde aquí, la política se convertirá en el trabajo comunitario por la construcción de las condiciones mejores para que se pueda dar el desarrollo más pleno y mejor de todos y cada uno de los que vivimos en la sociedad. Todos, por tanto, estamos llamados a colaborar en ese empeño político: la construcción del bien común. Cada uno desde su débil aportación. De esa manera, profundizaremos en el sentido auténtico de la democracia, que se fundamenta en el respeto a la dignidad de toda persona.

Eso se concreta en nuestra participación en todo aquello que promueva una vida más digna para todos: asociaciones, reivindicaciones, prácticas económicas, denuncias, estilos de vida, educación en valores…

Desde luego que hay otra manera de hacer las cosas: ¿trabajamos para que se vayan poniendo las bases de una democracia auténtica, participativa y edificada sobre bases éticas?

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Parroquia de Villalmanzo

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