Número 45, Navidad 2019

PARA PENSAR

A los pobres, considerados generalmente como parásitos de la sociedad, no se les perdona ni siquiera su pobreza. Se está siempre alerta para juzgarlos. No pueden permitirse ser tímidos o desanimarse; son vistos como una amenaza o gente incapaz, sólo porque son pobres. Jesús no tuvo miedo de identificarse con cada uno de ellos. Huir de esta identificación equivale a falsificar el Evangelio. El Dios que Jesús quiso revelar es este: Un Padre generoso, misericordioso, inagotable en su bondad y gracia, que ofrece esperanza sobre todo a los que están desilusionados y privados de futuro. Jesús nos ha confiado a nosotros, sus discípulos la tarea de llevarlo adelante, asumiendo la responsabilidad de dar esperanza y restaurar la confianza. Es un programa que la comunidad no puede subestimar. De esto depende que sea creíble nuestro anuncio.

El amor que da vida a la fe en Jesús no permite que sus discípulos se encierren en un individualismo asfixiante, soterrado en segmentos de intimidad espiritual, sin influencia en la vida social.

Mensaje del Papa Francisco en la III Jornada Mundial de los pobres.

Dibujado por: Rodrigo y Bruno Barbero

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Parroquia de Villalmanzo

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