Costumbres y tradiciones

NOCHE DE SAN JUAN

Desde tiempos pretéritos, la llegada del solsticio de verano ha sido recibida con actos peculiares, ritos y ceremonias específicas por parte de los moradores de los diversos rincones de la tierra habitada. Para evitar la resonancia de los ritos ancestrales, la Iglesia hizo coincidir el nacimiento de San Juan Bautista con el solsticio de verano; de esta forma, actos celebrados en honor de los dioses paganos quedaban bajo el patronazgo del Santo.  A tiempo presente, se puede decir que no se conservan todos los ritos de nuestros ancestros. Parte de ellos quedaron enterrados entre las cenizas producidas por el olvido, la despoblación de los núcleos rurales o por un progreso acelerado y mal entendido. Otros, quedan como ceremonias guardadas con delicadeza y mino por los amantes de la tradición, por los conservadores de las viejas costumbres y por los estudiosos de la primicia, de los orígenes.

De todas las ceremonias que acompañan el lento asomo del verano en la noche más efímera del año, es la del fuego, puntualizado en múltiples hogueras; la más universal. La llamas, bien alimentadas por maderas nobles, tratan, en la noche mágica, de deshacer encantamientos, de proyectar las caprichosas formas de las sombras, de interpretar con más transparencia los oráculos y profecías. Se intenta, en definitiva, que el resplandor de las hogueras sea un reflejo, una imagen del astro rey.

En el Principado de Asturias, se encendían grandes hogueras, en torno formaban rueda y giraban mozos y mozas acelerando su marcha, hasta conseguir romper el círculo. Saltaban la hoguera ellos y cantaban ellas  "Amor es fuego, quien no se atreva a saltar por las llamas que no me quiera". Termina la ceremonia saltando mozos y mozas emparejados cogidos por la cintura. Aquellos que conseguían pasar la hoguera sin que les rozasen las llamas, se casaban en el año.

En Extremadura, la noche de San Juan, se tiraba un zapato a lo alto. Si caía boca arriba indicaba casamiento. En Andalucía, las solteras ven el rostro de su futuro marido mirando el agua clara y limpia de un barreño. En Berlangas de Duero (Soria) y en algunos pueblos de Extremadura, conseguían el mismo propósito, mirando las mozas con fijeza un espejo. Ayudaba a la eficacia de este rito, la desnudez de la muchacha que había de sostener una vela  en cada mano.

Las mocitas catalanas averiguaban la carrera o profesión de su futuro esposo, sirviéndose de la clara de un huevo del día. Depositaban en agua bendita la clara y la dejaban reposar. La examinaban, después, poniendo los cinco sentidos y un poco de imaginación en la forma gelatinosa de la clara. Así, si presentaba forma de mesa, el futuro esposo habría de ser escribiente o notario;  el pretendiente habría de ser labrador si la clara semejaba una azada. Mientras se rompía el huevo se enunciaba esta fórmula: "San Juan Bautista, apóstol y evangelista por la virtud que tenéis desvelarme el oficio de mi esposo."                                                                                                                                                     

En Olivenza, se colocan dos montones de habas, unas peladas y otras sin pelar. Al dar las doce de la noche,  a oscuras se tentaba uno de los montones, si era el de las habas envainadas, era augurio de buena suerte. También, en otros lugares se ponían tres alcachofas silvestres debajo de la cama, con marcas de soltera, casada, monja. La alcachofa que primero se abría al día siguiente de la noche de San Juan, anunciaba la suerte de la muchacha. En la huerta Valenciana, llegada la noche de San Juan, plantaban, las mozas, habichuelas en una maceta, que dejaban debajo de la cama. Si germinaba aquella noche, era presagio de se tendría el novio deseado, dentro de un año.

Por último, importante es el Paso del Fuego en San Pedro Manrique-Soria: los elementos fundamentales son la hoguera, frente a la Iglesia de la Virgen de la Peña; el grupo de pasadores en número de doce con faja roja ceñida a la cintura, y las móndigas: tres muchachas del pueblo elegidas por sorteo entre las solteras que presiden todos los actos de San Juan, visten de blanco, en sus cabezas llevan un canastillo de flores con un pan. Sobre sus hombros mantón de Manila. Hacia la media noche, cuando en la hoguera todo son ascuas, los pasadores se descalzan y, a toque de clarín dejan sus pasos de danza en las brasas: cortos, pisando con rabia en la enorme bandeja de ascuas. Los más valientes llevan en sus espaldas una  mujer.  Salen  ilesos los pasadores, son superiores al fuego, son  intocables al tiempo que los momentos son mágicos: es la Noche de San Juan.

                                 José Luis Aragón Arribas 

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Parroquia de Villalmanzo

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