Estamos viviendo un año de acontecimientos importantes para historia personal y comunitaria. A medida que vamos pasando el día a día, a veces, nos encontramos con algo que nos sobrecoge: las guerras, el terrorismo, la violencia, que en parte aunque eso no sea todo, como son las injusticias o el afán de dinero y poder, provocan huida, emigración, hambre. Hemos visto las pateras llenas de gente con un rumbo incierto y cómo terminan muchos de ellos. Más cerca de nosotros oímos hablar de paro, desahucios, etc., por lo que no vemos mucho futuro. Las recientes elecciones municipales y regionales nos han dado un pequeño respiro para esperar algo nuevo y distinto, nos han puesto la mirada en un futuro prometedor. Y si estrenamos zapatos no es para guardarlos, sino para ponernos en camino con ellos.
Esperamos soluciones políticas que creen esperanza y no resignación, pero además nosotros los creyentes también tenemos una postura concretar que adoptar, pues el papa Francisco, en este Año Jubilar de la Misericordia así nos lo pide:
“Que todos compartamos la misericordia de Dios, viviendo en la vida de cada día el amor y la misericordia que el Padre nos dispensa”. Y de manera muy concreta nos invita a despertar nuestra conciencia, muchas veces adormecida, ante el drama de la pobreza, entrando de verdad en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina.
No podemos pasar de largo ante esa llamada y ante los Objetivos del Desarrollo del Milenio, el primero: erradicar la pobreza extrema y el hambre. Seamos auténticos samaritanos, no nos quedemos en lamentaciones y apariencias fariseas. Vamos a empezar por nuestra casa sembrando esperanzas, abriendo puertas aunque sea a lo desconocido, ¡quién sabe las sorpresas que nos pueden deparar!. En nuestro pueblo tenemos las Asociaciones, la Parroquia y un Ayuntamiento a estrenar. Sólo construyendo puedes llevar la alegría y la esperanza. Con la crítica, y esta destructiva, no puedes hacer un mundo mejor. Si empezamos ya, que no lo dejamos para mañana, ten en cuenta que el futuro puede ser prometedor. Sé participativo, da iniciativas, acompaña, y veras que vamos haciendo un mundo nuevo y mejor. ¡Qué bonito esos versos de Alfonso Borrego: “ Quiero ser sembrador de ideas claras, - y llevar las alforjas bien repletas – para vaciarlas y esparcir al viento – la ilusión germinal de mi cosecha.