Cosas de antaño

LOS ESCOBEROS

En el pasado, la escoba ha sido muy útil y apreciada. Ya lo decía la canción: "Si yo tuviera una escoba, cuantas cosas barrería..." E incluso trataban de que no se gastara, según el refrán: "Mientras mi vecina sea boba, paso sin usar mi escoba". Los escobones y las escobas que no gustaba manejar, tenían su importancia en el medio rural de los años 50. Donde el finolis de ciudad hubiera dicho que todo estaba lleno de porquería, al ver los corrales, las cuadras y las calles. Y aunque éstas se barrían delante de la fachada, como eran de tierra, pasaban las caballerías, las ovejas y los carros con paja, no se notaba la limpieza.

Las escobas de palma con caña o palo servían para limpiar las casas (y las espaldas de desobedientes) y los escobones para las eras, sobre todo. Estos se hacían de plantas de ramas finas y resistentes al roce como el tomillo, la achicoria, el brezo, la palma...

Las eras eran los lugares de los grandes trabajos de la recolección: la trilla y aventado de las mieses. En épocas del año, las eras estaban vedadas a los rebaños con un montoncito de tierra en un extremo. A primeros de mayo dejaban entrar a los animales.Y en junio cortaban las hierbas y las barrían con escobones.

 

Con la emigración y las nuevas tecnologías, se han perdido en el pueblo muchos oficios. Ahora vamos a recordar a los Escoberos. Así llamaban a unas familias, los Marciales. Estos artesanos, con útiles muy sencillos y la destreza aprendida de sus mayores, hacían escobones. Los últimos han sido los hermanos Santos, Nicomedes y Carmen. Recogían los materiales en los campos: zarzas y tomillos largos. E incluso gente de otros pueblos les indicaban dónde podían encontrarlos. Con paciencia y maña, hacían escobones de un metro de longitud. Con tiras de zarzas, limpias de espinas, recogían las raíces en la parte superior cónica como mango. De él salían las ramas de tomillo separándose y abrazadas a la mitad con una gran lazada.

Con ellos barrían las tendeduras cada tarde. También se utilizaban para limpieza de los lagares y los escobajos para las cubas. Los vendían por pueblos vecinos e incluso otros los revendían por otros lugares hasta los años 70. Después dejaron de hacerlos al desaparecer la trilla, con las cosechadoras. También vinieron los escobones de brezo con mangos de madera, más pesados y duros, los de plástico, las aspiradoras y hace poco los robots.

El "maestro de atar escobas" (el sabiondo que explica cosas inútiles o ridículas) seguirá siempre entre nosotros. Pero no olvidemos a aquellos Escoberos del pueblo que por generaciones confeccionaron tan "limpio" como "pesado" utensilio.

 Ardem

 

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