Cuentos del abuelo

LA MADRE NATURALEZA TIENE SUS QUIEBROS

Hoy el abuelo ha sabido que la esperada cosecha se ha malogrado, y se ha puesto triste pensando en los recuerdos de otras épocas. Le han dicho que así se porta “la Naturaleza”, pero no le parece correcto. Ha dado vueltas al tema, pensando, leyendo, preguntándose, sobre esta cuestión, y dice que a veces también decimos, con cierto cariño, reverencia, respeto, confianza… “Madre Naturaleza”; piensa que alguna razón habrá para ello. Veámoslo.   

Cuando decimos “este chico es nervioso por naturaleza”, creo que damos a entender que el modo de ser de este chico es… Así que, para empezar, digamos que con esa palabra queremos decir “la manera fundamental de ser que tienen las cosas”. Pero nos entenderemos mejor quizá, con la segunda expresión: la “Madre Naturaleza”. Sin saberlo bien, nos parece como algo muy grande, enorme, inmenso que engloba a todo lo que existe: el sol, el aire de mi bolsillo, el terremoto, la atmósfera y lo que en ella se forma, como el granizo, la lluvia o la sequía. Es como un gigantesco recipiente donde cabe todo e incluye lo que en él se contiene, es decir, el universo grande y el universo infinitamente pequeño como el contenido de los átomos. En ese recipiente, pues, está TODO y fuera de él, NADA. Esa Madre-naturaleza es como --¿una inmensa red?--, que abarca lo que existe, y a la vez, protege a lo que hay en ella. Quizá por esta protección, la llamamos “Madre”, madre-naturaleza. Y…, en medio de ese “todo” nos encontramos nosotros, todo lo que nos rodea… y lo que nos podemos imaginar. Así que ¡algo muy serio e importante es esto! ¡Pensadlo bien! ¡informaos! Alguien también lo llama, no sin razón, la “Realidad”, lo que realmente existe…

Pero esta “realidad” no es un cajón de sastre todo revuelto, no; se halla regida por un “sistema de relaciones mutuas” bastante más complejo que el de las hormigas y a una escala de enorme proporciones: de todos los seres existentes. Estas relaciones se producen entre sí con cada uno de los elementos que la integran: la humedad del aire, su temperatura, la presión de la atmósfera, la contaminación nociva que mandamos allí, y así sucesivamente etc. Nos sorprende y da la impresión que la Naturaleza va haciendo quiebros como los toros de lidia: llueve en primavera y crece hermoso el cereal, pero cuando más se necesita el agua, una ola de calor echa por tierra nuestras esperanzas. ¡Claro que sí! La Naturaleza tiene sus leyes, y lo normal es la lluvia en primavera; pero… los elementos que la componen (y el hombre el que más) introducen cambios gigantescos y se generan estos quiebros (el “Cambio Climático”). La Biblia nos recuerda un mandato hecho al hombre: “llenad el mundo y gobernadlo”. No somos dueños de esta “Madre”,  sino receptores de un mandato para su gobierno, para su buen uso, porque esta es la única patria común de toda la Humanidad.                                                                                                                                                                                                          

Las malas cosechas existen y también el sida, el terremoto de Nepal y el tsunami de Indonesia, de Japón, el cáncer, las guerras, el hambre, los inmigrantes ahogados… La Madre-Naturaleza existe, y a pesar de todo esto, es “Madre”.  ¿Dónde está Dios? Veremos esto después del verano.

El Golilla-Verano/15.

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