NUEVE VUELTAS PARA SAN ANTÓN
Si hay un santo con alta aureola de simpatía no puede ser otro que San Antón; más que nada porque se le asocia con los animales queridos y mascotas. En su día, el 17 de Enero, en la mayoría de las ciudades y muchas poblaciones acude la gente con sus mascotas, con animales domésticos, de explotación, también de tiro para que la bendición les proteja de las calamidades y gocen de una vida mejor.
En un pequeño recorrido podemos obtener ritos y costumbres a San Antón dedicados. Así, si pasamos por el barrio de Gamonal en Burgos nos encontraremos el reparto multitudinario de los titos, vianda con más adeptos cada vez; a cargo de la cofradía del santo. Si visitamos la ciudad de Miranda de Ebro: en la ermita de la Nave también hay vueltas en su derredor, que nueve son; a continuación un reparto de bollos. Si por el contrario acudimos a la villa de Lerma podemos presenciar la “rodada de la naranja”: se llena el cerro de San Antón de naranjas inquietas que suben, que bajan, una y otra vez. Ruedan y ruedan por la ladera a impulso de las muchas manos infantiles de los niños de la población. Y…, cuando la fruta pierde, por mareada, su consistencia primitiva se succiona el zumo, quizás demasiado viajado, demasiado movido. En Aranda, la cofradía de S. Antón celebra su fiesta en su ermita con el sorteo de tres cerdos.
Dada la singularidad Antoniana, en Cilleruelo de Abajo siempre se ha celebrado una misa en honor de este santo en la ermita dedicada al arcángel San Miguel, tras la ceremonia se bendicen animales y los fieles rodean con nueve vueltas sucesivas el edificio de la ermita. En cada vuelta un deseo, una súplica, una petición: que llueva ó que no, que mejore un ser querido, que el ganado se desarrolle con bien, que los trigos granen.
¿Por qué son nueve y no ocho o diez, las vueltas? San Antón es del Siglo IV, anacoreta de profesión: vida de retiro, de oración, de sacrificio. Pero existe un elemento conocido como demonio, diablo y más cosas al que no le convence la situación. Por ello se hace el interesante, amén de gracioso ante el ermitaño y, sucesivamente le va presentando situaciones de excesiva comodidad, disfrute y laxitud, que no son otras que celadas, cebos. Tentaciones que reconoce la iglesia, para hacerle desistir de su vida ejemplar de retiro y oración. Al fin San Antón no entra en el juego de Satanás y supera las trampas. El maligno debe buscarse otro candidato a prueba: “algún infeliz caerá”, se dice.
Crecido, fortalecido en su nueva situación funda, el santo, la orden religiosa de los Antonianos por escisión de los monjes Agustinos. Hace suya la misión hospitalaria para socorrer peregrinos. En las ruinas del monasterio de San Antón, camino de Castrojeriz aún queda una hornacina en la fachada exterior con alimentos para los romeros que por allí peregrinan.
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