Cuentos del abuelo

LA COSECHA

¡Hola amigos! Bien sabéis o recordaréis los trajines de la Cosecha en otros tiempos no tan lejanos. A ellos quiero referirme en este “corto”.  En previsión, el concejo ha llamado “al trabajo de villa”: que los caminos estén en buenas condiciones, porque el acarreo será  muy intenso, y con baches y prisas, vienen los sustos y las desgracias. El sol de junio hace madurar la mies; se anuncian las primeras tormentas, y el campesino se pone ya nervioso y pesimista. Siendo éste el ambiente, la Cosecha se pone en marcha y ya no hay parones hasta el final. 

Muy a menudo la familia entera se ponía en pie de trabajo (el trabajo en común de la familia grande), desde los abuelos, los tíos, las mujeres de las casas y los muchachotes; ¡y que no falte el agostero en ciertas casas! La consigna era clara: hay que hacerlo pronto, bien, con cuidado y con la fresca; esto se traducía en aprovechar la luz de la luna (las 3 de la mañana), ajustar bien la zoqueta en la siega, tener listo el acarreo y la tienda para la trilla, alimentarse para mantener buena correa, con ensalada completa (lechuga, pepino, cebolla, pimiento, todo ello con poco vinagre y bien aceitado, el pan y el vino que no falte, que la reserva del cerdo y el pollo fresco que no falle en la mesa). Que se oiga en el Otero el cante de la cuadrilla. Es la hora de cerrar el ciclo de las duras faenas del campo, esperando los buenos rendimientos del año, ¡en positivo!  

 

Esta era la historia que si no la habéis vivido, los abuelos  os lo contarán, sin duda: la Gran Tarea de la Cosecha, que se cerraba con la alegría de las esperanzas cumplidas y el traje que D. Modesto está terminando o con los sollozos de las mermas recogidas y las caras acongojadas. La mecanización moderna del campo ha aliviado en parte estas Tareas, pero no tanto los resultados. 

Y así fue en muchos siglos anteriores, quizá unos 8/9.000 años antes de Cristo, en que el hombre descubrió el arte del laboreo de los cultivos, las artesanías y el comercio. Tengo a mi lado la Biblia y leo: “La tierra te dará espinos y cardos, y comerás plantas silvestres” Y en el mejor de los casos, “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” (Gén.3, 18 y 19) ¡Bien os lo recordarán los abuelos, que como sabios cristianos, conocían de dónde viene el agua, el calor, el viento y las tormentas! Por eso los pacientes cascajuelos guardaron sus cosechas en las trojes y el vino en las cubas de sus arcillosas y húmedas bodegas, porque el círculo no se acaba y hay que volver a empezar: guardar y ¡a festejar lo recogido! La suerte que hoy decimos, era para ellos el don de Dios. Y si es “don”, habrá que agradecerlo a Dios y a sus patrones: la Virgen de Manciles, los Mártires de Cardeña… Así lo seguís gritando en las procesiones del final de la Cosecha. ¡Pues que siga la Fiesta, amigos, y la buena esperanza! 

                                                                                         

                                                        El Golilla. Verano 2019.

 


 

 

REGRESAR A LO SENCILLO

En los días, tan largos como generosos en cosas buenas, del verano estamos. Son jornadas,  que matrimonian con vacación, descanso y, por qué no: disfrute del bueno.

Se engrandecen los núcleos rurales pues recuperan población estacional, se ensanchan los ambientes al llenarse de tertulias, de palabras lentas. De vida. Me voy a detener en un lugar, idílico diría yo, anfitrión de soles escogidos. Dicho entorno corresponde al nombre bonito de Villalmanzo, población tocada por la fortuna de unas comunicaciones de primer rango al ser vecina asintótica de la Autovia-1. Y, comunicación es vanguardia, es progreso. Puestos a embellecer el cuadro estacional del estío podemos caminar con la invasión de verdes que nos procura el Monte que, hasta Torrecilla sube. Imposible rechazar la invitación de la Mira de Otero y llenarnos de longitudes con el dorado del rastrojo, con el azul del horizonte.

 

Ya de regreso al crisol de la algarabía, del deambular de las gentes; imposible renunciar al mundo del silencio que colma los ambientes del vino: las bodegas. Toda una alambicada arquitectura levantada para dotar de los mejores aposentos a la bebida de los dioses: el vino. Es verano y, facilita esta bebida los mejores momentos al compartir, bajo la frescura de la bóveda, conversaciones de interés: “Este Junio está loco, una helada el 12 y un infierno en S. Pedro, las cebadas a medio granar.” 

Vuelven las calles principales, llámense Paloma, Tercio…, lo mismo que la P/ Mayor, a ser arterias de vida, soportes de conversaciones jóvenes que en bici, monopatín o a pié a las piscinas conducen: es vacación, y los estudiantes están en lo mejor, lejos de las ecuaciones. El tiempo en las noches es lento, y, las terrazas recuperan lo señalado del día, se habla del Tour, de las fiestas próximas. Mientras, varias avanzadillas eligen el túnel verde del “Prao” para ensanchar los pulmones de frescura propia de un microclima entre acacias distraídas, chopos en formación, pinos adolescentes. 

Sublime, puede ser abandonar la cobardía del suelo y subir hasta el Mirador-Campanario de la torre, en una de las mejores tardes, casi noche; y desde allí orientarnos al Poniente mirando hacia la Cueva para contemplar el espectáculo del degüello de soles que presenta el paso de la luz a la noche. A continuación vendrá la sementera  de estrellas. Lo más en el cielo de Villalmanzo. 

José Luis Aragón Arribas 

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Parroquia de Villalmanzo

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