Cuentos del abuelo

FIESTA DE LA COSECHA

El sol cae a plomo, es mediodía; días largos, despejados, nubes altas de algodón y cachazudas que no sueltan ni una gota. La chicharra, el grillo, la hormiga siempre pegada a la tierra; la perdiz cantora y su nidada se afanan en recoger las provisiones del maná de la vida. La madre naturaleza está de parto, ellos lo saben y acuden a beneficiarse. Durante nueve meses ha gestado en su vientre la nueva vida; llega su hora y la suelta a raudales: es la mies que en forma de semilla depositó con ternura e ilusión el campesino en el surco abierto días antes; son las uvas, cultivadas con mimo y esmero, el ubérrimo maíz, las patatas, las frutas y hortalizas que ofrecen con descaro sus mejores atractivos seductores: ¡a recoger! ¡a recoger! Es la Fiesta de la Cosecha que la fuente de la vida os entrega generosa ¡A recoger! …

Pero un día, la madre-tierra sintió el zarpazo de un terrible enemigo oculto, y durante largo tiempo quedó estéril. Su ciclo generativo se detuvo y desapareció la vida. Desolada y entristecida pidió consejo a sus entrañas, y allá en lo profundo, entre fuertes dolores, contorsiones y tremendas explosiones se produjo una grieta que se fue haciendo más grande y grande hasta que en una formidable explosión, un enorme pedazo que hoy lo llamamos Luna, se desprendió de la Tierra. Por ese gigantesco boquete salió, durante mucho tiempo, un fantástico surtidor de agua ardiendo que al enfriarse, volvía a caer como lluvia torrencial sobre la Tierra (40 días y 40 noches). Se llenaron las grietas y formaron los océanos, mares, lagos y ríos: agua, sol y tierra ... la fertilidad.

Desde ese día no volvió a faltar el agua fecunda: renació la vida y lentamente, se fueron acomodando los ciclos. Y cumpliendo el mandato de su Creador: “Dad gratuitamente lo que gratuitamente habéis recibido”, cada nueve meses, la madre-tierra volvía a repartir gratuita y abundantemente los frutos de vida. Y apareció el Hombre y con su trabajo, la tierra se hizo más fecunda, pero algunos empezaron a vallar los campos para explotarlos en beneficio propio y muchos se quedaron sin campos y hubo hambres. La Tierra se entristeció: “Yo os lo doy gratis, ¿por qué codiciáis lo que es de todos? Usad lo que os doy –poco o mucho- pero no matéis a nadie con vuestra codicia” Y volvió a aparecer la sequía, los huracanes, las inundaciones, los terremotos: la madre -tierra está enojada, pero no suprimió La Fiesta de la Cosecha para que los hombres aprendan su mensaje solidario: “dad gratis lo que gratis habéis recibido”.

El Golilla  

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Parroquia de Villalmanzo

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