LAS SEPULTURAS DE LA IGLESIA
LA IGLESIA de Villalmanzo, nuestra iglesia, con su torreón, destaca sobre los tejados del pueblo e incluso desde la lejanía es un hito. En siglos pasado los numerosos campesinos desde sus tierras de labor, esperaban oír los toques del reloj o las campanas e incluso observar su sombra, para regular sus faenas. Su construcción y ampliaciones han durado siglos. Hoy la encontramos un poco remozada a principios del s. XXI: con reparación del tejado, restauración de altares, nuevos bancos, pintura de paredes y nuevo pavimento de la sacristía. Las obras se financiaron con donaciones de fieles cascajuelos y colaboración de entidades. Quedó por reparar, en espera de un mecenas, el suelo de la iglesia con las losas de las sepulturas desgastadas y rotas.
LOS RESTOS humanos a lo largo de la historia han sido despedidos con gran respeto y las formas de hacerlos desaparecer han sido diversas. Las más frecuentes: inhumación, cremación y embalsamamiento y en menor medida, lanzamiento de cadáveres al mar, simas, cuevas, pozos, uso de ácidos, cal o abandono en el campo.

LA INHUMACIÓN: en la zona mediterránea siempre ha predominado el enterramiento. Hubo pueblos que prohibía la cremación. Ya antes de nuestra era se dieron normas para que las necrópolis estuvieran fuera de las ciudades. Los primeros cristianos perseguidos se ocultaban en las catacumbas de Roma para celebrar sus ritos y enterrar a sus mártires El emperador Constantino autorizó erigir iglesias y extraordinariamente enterrar en ellas o en sus criptas a personalidades como él. Los reyes dictaron que los enterramientos estuvieran lejos de los poblados. En la Edad Media se relajaron estas ordenanzas y cada vez más, fueron enterrando alrededor o dentro de las iglesias principalmente a nobles, clérigos y hacendados. Los reyes y nobles se hicieron mausoleos en catedrales, iglesias, capillas, conventos o en sus criptas. Aunque las normas seguían en vigor, los fieles, buscando beneficios espirituales, trataban de sepultar a sus deudos en las iglesias, que aunque era una obra de caridad enterrar a los muertos, con la colaboración de cofradías y religiosos, las parroquias también se beneficiaban. Ya Alfonso X el Sabio renovó las ordenanzas, que los visigodos habían dictado, de enterrar fuera de las murallas. Sin embargo, siguieron sin cumplir las normas. Como las sepulturas no eran herméticas, el hedor en algunas iglesias era insoportable e incluso contaminaba a la gente provocando la peste. Así ocurrió en Pasajes. El rey Carlos III dictó una Real Cédula prohibiendo enterrar en las iglesias. Ordenó construir cementerios con cercados y lejos de la población. Los ayuntamientos proporcionarían el terreno alejado, junto a ermitas o capillas y la Iglesia debía cuidarse de su mantenimiento. Sucesivos reyes continuaron reiterando las mismas ordenanzas. Sin embargo hubo mucha reticencia y tardaron en ejecutarlas en los últimos pueblos hasta finales del s. XIX.

LA CREMACIÓN: los cadáveres, en ciertos países, se quemaban desde tiempo inmemorial. Hemos visto en cine y televisión las ceremonias de incinerar el cadáver en la pira, en la India. En la zona mediterránea estuvo prohibida su cremación. La Iglesia solo permitía la de herejes, brujas... En las guerras se usó para deshacerse de los cadáveres de combatientes y de los considerados enemigos como en los campos de concentración nazis. A finales del s. XX, el papa Pablo VI en 1983 ya autorizó en la Iglesia la cremación y desde entonces en España se va extendiendo esta práctica. Con esta pandemia, en muchos países, han tenido problemas para dar abasto a incinerar los cadáveres de esta peste del COVID-19.
LAS SEPULTURAS de nuestra iglesia. En la parte exterior del templo, tocando a la torre, cuando se urbanizó, aparecieron muchos huesos. Posiblemente fue un lugar de enterramiento en siglos pasados. Pero dentro de la iglesia de Villalmanzo hoy quedan algunas sepulturas en las naves central e izquierda. La nave de la derecha, la de la entrada, debido al desgaste de la piedra blanda de las losas, se puso nuevo suelo, borrando las sepulturas. Las que quedan constan de tres losas, la central horadada, sin epitafios y algunas con su número. Debido al sencillo material de estas losas, se han desgastado y el suelo está desnivelado y agrietado. La numeración comienza junto a la pared de la nave izquierda y sigue a la central y derecha próximas a los altares. Y sigue hasta el fondo, llegando a la altura de la entrada a la torre. Su número sería cercano al centenar. Después aparecen unas losas pequeñas horadadas posiblemente para entierro de niños.En la pared de la nave izquierda hay dos arcosolios. En uno hay una sencilla estatua yacente con dos bajorrelieves en piedra caliza, posiblemente en el siglo XIV. No hay ningún epitafio. En el otro donde se guardaba en una hornacina el cuerpo yacente del Cristo, aparece remodelado recientemente y quizás no haya tumba.

CONCLUSIÓN: Las humildes y pobres sepulturas de la iglesia de Villalmanzo nos indican que no hubo personajes ricos o notables enterrados en ellas y se fue sepultando sucesivamente sin epitafios. La muerte igualó a todos nuestros antepasados. Lamento que no haya al menos una lápida recordatoria. Hoy se puede optar por la cremación o inhumación de los cadáveres. Ya no se entierra en los lugares de culto excepto a personalidades. Las cenizas de la cremación se pueden guardar en urnas donde los familiares quieran o esparcirlas en la naturaleza. Se han creado las funerarias que facilitan trámites y traslados con gran coste económico. Mantengamos las medidas para evitar contagios y librarnos de esta peste que creíamos de tiempos pasados. Esperemos que con las mascarillas y las vacunas vayamos dando por finalizada esta terrible pandemia. Y aquellos que el tiempo se llevó... y reposan en el suelo de la iglesia que D.E.P. y Dios los tenga en la Gloria...
CARRIGUERA