Lo que el tiempo se llevó

LOS SASTRES DE VILLALMANZO

El oficio. Sastre, alfayate, es el que se dedica a hacer prendas para vestir. Oficio tan antiguo como la humanidad. Han cortado y cosido para abrigarnos o embellecernos. Oficio que a lo largo de los siglos ha evolucionado en tejidos, diseños, tintes, mecanización, etc. Hasta los años 50 del s. XX hubo en Villalmanzo telares de lana, lino y cáñamo. Había pues una tradición en la confección. Y en aquellos años, por las calles veíamos a las señoras cardando lana, hilando con huso y rueca, bordando y tejiendo a mano con largas agujas: jerséis, bufandas y medias para la familia. La maestra daba clases de confección para preparar el ajuar. Los sastres y modistas del pueblo cortaban y cosían en sus casas, para los cascajuelos y pueblos vecinos y en la segunda mitad del siglo, para empresas textiles.

Los sastres. En el Catastro de La Ensenada, 1749, consta un sastre en Villalmanzo. Como era tradicional, el oficio pasaba de padres a hijos y supongo que nunca faltó algún sastre hasta finales del s. XX. Voy a hilvanar algunos recuerdos sobre los últimos sastres cascajuelos: Modesto García Andrés y José María Adrián Lozano.

Modesto. Según me recuerda su nieto Abel, a pesar de su sordera “era muy alegre y responsable en sus tareas, que cumplía a rajatabla y muy íntegro”. Hombre polifacético que además de sastre ejerció de: alguacil, sacristán, pregonero y como afición, de cazador y hortelano. Era hijo de los sastres Juan García y Nemesia Andrés. Estuvo casado con Natividad y tuvieron 5 hijos. Vivía en la casa de la Plaza de la Iglesia, 2. Tenía la sastrería, taller o atelier en la “gloria”, una sala en la planta baja. Con un gran ventanal, una mesa espaciosa en el centro y estanterías en las paredes con tejidos y paños. Una clásica máquina de coser Singer a pedal en una esquina y las herramientas del oficio por doquier: agujas, acericos, alfileres, imperdibles, jaboncillos de sastre, dedales, cinta métrica, tijeras, reglas, planchas de carbón, maniquí, modelos recortables… Al calor de la gloria trabajaba, se reunía la familia y recibía las visitas. Animaba el ambiente la radio de entonces, oyendo el “Parte”, los discos dedicados, el Consultorio de la Señora Francis y las novelas radiadas que hacían llorar… y no faltaba la perrita Beci acurrucada bajo la mesa.

Modesto y Nati

Confección. Los encargos eran a medida. Unas veces aportaba el tejido el cliente o lo elegía en el taller. Confeccionaba: trajes, abrigos, chaquetas, chalecos, pantalones… Los tejidos, en la primera mitad del s. XX,  eran de fibras naturales: lana, lino, cáñamo, algodón, seda… después llegaron las fibras artificiales: rayón, nylon, licra, tergal, popelín… La vestimenta corriente de los vecinos era entonces la pana en chaquetas y pantalones por su duración y abrigo y los buzos para trabajar. Le encargaban trajes para estrenar en las fiestas de: Pascua, Asunción, Reliquia, Navidad y bodas. Cuando apremiaban las entregas le ayudaban a coser su mujer y sus hijas: Angelines, Emiliana y Pilar incluso trasnochando. A veces llevaban en bici los encargos a los pueblos vecinos su hijo Víctor o su yerno Venancio.

José María. Era hijo de Máximo y Felisa. Se casó con Piedad y tuvo 5 hijos. En la década de los 60 del siglo pasado inició el aprendizaje de sastre con Modesto. Después de jubilado su maestro, se estableció montando el taller en la casa sus padres en la Calle de la Escoba, 3. Confeccionaba los encargos y daba clases de corte y confección a muchachas del pueblo. Entonces apareció la competencia con las tiendas de “prêt-à-porter” y boutiques en expansión. Los tejidos habían mejorado con las nuevas fibras artificiales y los variados diseños y colores. La máquinas de coser y cortar tenían motores y las planchas era eléctricas. El patronaje y diseño se renovaban continuamente. Después de unos años dejó el taller y trabajó en la fábrica de tejidos de Los Navarros en Lerma y en otra de Burgos.

Conclusión. El refranero recuerda a los sastres como pobres, “sisadores”, (cuenta de sastre, desastre), mentirosos y otros los ensalzan. Con la invención de maquinaria de tejer, cortar y coser hasta hacerlas eléctricas y automáticas en el s. XX, revolucionó también el arte de la confección y se hizo en serie. Hoy a través de la tele conocemos a los más famosos modistos que visten para desfiles de Alta Costura y para actores y actrices. Agradecemos al ingenio de los diseñadores y estilistas que nos vistamos tan bien. Recordamos con nostalgia a estos últimos sastres del pueblo que trataron de que los cascajuelos se lucieran en las fiestas vistiendo con elegancia. Echaremos de menos sus sastrerías… que el tiempo se llevó…

Carriguera