LOS TEMPLETES DE VILLALMANZO
Los templetes o quioscos son unas construcciones en plazas públicas con una pequeña elevación circular o poligonal y unas columnas que sostienen una cúpula para guarecerse de la lluvia. El uso casi exclusivo era para situar las bandas de música de modo visible y audible cuando todavía no existían altavoces. En domingos y festivos, las bandas municipales y las del ejército solían dar unas audiciones y serenatas.
Los templetes de Villalmanzo fueron construcciones atípicas puesto que no se parecían a los auténticos templetes que podemos contemplar todavía en Lerma, Burgos y en otros lugares. Estaban en la plaza mayor y fueron provisionales, fijos y móviles.
El provisional: No pudiendo precisar la antigüedad de la tradición de su construcción, en mi niñez (años 40) ya hacían uno cada año, adosado al Ayuntamiento. Tocando a sus soportales, debajo del balcón, se ponían unos tablones verticales como pilares. Sobre ellos se hacía un tablado con otros tantos tablones. A los lados, a modo de dosel, clavaban ramas de chopo largas, para reservar a los músicos del sol. Desde el ayuntamiento se accedía a dicho tablado saltando o quitando la barandilla de protección del balcón. Los músicos se situaban en esta zona y tocaban para toda la plaza sin altavoces.
El fijo: Viendo la precariedad de su construcción se pensó hacer uno nuevo y fijo en el centro de la plaza. Se puso manos a la obra y algún albañil sugirió que con cuatro columnas y una plancha superior sería interesante para que allí tocaran las bandas. Hacia la década de los 60 se plantó en el centro de la plaza el nuevo y fijo templete. Tenía 4 columnas de 3 m de altura, una superficie aproximada de 3X3 m y una pequeña balaustrada a su alrededor. No tenía columnas ni cúpula que guareciera de la lluvia a los músicos. Debajo pusieron una fuente, entre las columnas. Duró unos pocos años y después se tiró.
Los móviles: Sobre uno o dos remolques de tractores, se subían las bandas de música. Eran más rápidos y expeditivos. Tenían la ventaja de poder ponerlos en cualquier lugar. Se solían colocar en la parte norte de la plaza con unos toldos de camión para resguardarse del cierzo, (ese frío e ingrato intruso que nunca falta a las fiestas). Con la modernidad los quintos contratan grupos musicales que traen de todo en un gran remolque, con multitud de elementos eléctricos, equipos de sonido y focos.
Las fiestas: Los templetes eran utilizados en las fiestas de verano de Villalmanzo: la de Nuestra Señora de la Asunción del 15 de agosto y la de los Santos Mártires de Cardeña del 26. Aunque en los tiempos de la España rural, hasta los años 90, los trabajos del verano hacían muy difícil compaginar estas fiestas. Los agricultores estaban en plena faena de acarreo, trilla y bielda en las eras. Sin embargo se sacaba tiempo para el montaje del templete adosado al ayuntamiento. Se asistía a la misa mayor con gran ilusión y con el mejor traje, a veces nuevo, si se podía. Se contrataba una banda musical para todas las fiestas. En aquellos años solían ser bandas de las proximidades como "Los Mellizos" del pueblo o "Los Gentos" de Lerma. Por los años 70 aparecieron las peñas que dieron colorido y animación a las fiestas.
Los quintos del año eran los encargados de organizar la música y la fiesta. Acordaban con las bandas, la música de todas las fiestas. Los músicos tocaban en la víspera y en la fiesta daban las dianas, acompañaban a la corporación municipal a misa y en ella tocaban el himno nacional. A la salida había baile en la plaza. Se podía tomar un refresco en la barra que los quintos ponían en el soportal del ayuntamiento para ayudar al pago de las fiestas. Ya desde el templete, tocaban unos bailes antes de comer. Después venía el baile de tarde que se suspendía para la cena y volvía a salir hasta la una o las dos de la noche.
La plaza mayor: En este lugar se celebraban los bailes de las fiestas principales. Solía llenarse la plaza el día de la fiesta en el baile de la tarde. El suelo de la plaza era de tierra, cantos rodados y de barro si había llovido. Si estaba muy seco se levantaba mucho polvo. En los años 60 pusieron unos árboles de adorno. En los 70 asfaltaron las calles del pueblo y también la plaza mayor. Entonces se pudo bailar con más seguridad de no tropezar y comodidad. Ya no se rompían tanto las zapatillas y no había que acudir a la cantina de Severina para que te fiaran unas nuevas.
Los bailes: No sé qué tenían aquellos dulzaineros que con su música, como el flautista de Hamelín, arrastraban rápidamente a la gente a la plaza, sobre todo a los niños, con una alegría indescriptible. Tocaban a pleno pulmón la dulzaina, trompeta, saxofón, acompañados del tambor y el bombo. Como no había vocalista ni altavoces, sólo interpretaban música de partituras clásicas y conocidas, que tarareaban los que bailaban. Los bailes eran agarrados excepto en el último, la jota. Las muchachas, en corro, eran solicitadas por los solteros para bailar. No faltaba en un ángulo de la plaza el almendrero que con sus gritos animaba a comprar o participar en la subasta.
Conclusión: Los antiguos templetes sólo quedan en nuestra memoria. Los nuevos artefactos, gigantes templetes en remolques de camiones, vienen cada año a animar las fiestas de nuestro querido Villalmanzo. Con su música, con grandes altavoces y muchos decibelios, atruenan la plaza y el pueblo. Pero recordamos todavía a aquellos sacrificados músicos que aguantaron soles, calores y fríos estoicamente, mientras divertían a otros con su música. Y seguirán en nuestra memoria aquellos templetes junto al balcón del ayuntamiento donde los dulzaineros tocaban sus mejores notas y donde los niños trepábamos para contemplación del baile e incordio de los músicos.
Carriguera