LOS TELARES
Recuerdo los dos últimos telares de Villalmanzo (años 50). Pertenecían a una sencilla familia. Eran entonces dos ancianos: el tio Pancracio y la tia Caliopa. Tejían lo que podían ayudados por su hijo Fernando, que se dedicaba principalmente a la agricultura.
Ubicación: Tuvieron los telares en la casa de la calle Mayor esquina a la de Palomillas y después los trasladaron a otra de la plaza del ayuntamiento. Hoy en el solar se encuentra el bar La Huella. Entonces era una casa espaciosa, de planta y piso. Entrando en el zaguán, a izquierda había una sala iluminada por una ventana a la plaza, con dos telares y un urdidor. Éste tenía un eje y unos largueros verticales separados por cuatro radios. Vi trabajar en él a la señora mezclando los hilos: blanco y negro para las mantas y alforjas. Y el tio Pancracio, mientras, tejía en uno de los telares con lana: mantas, alforjas, sacos, costales… o con lino: sábanas, cobertores, mantas, fajas…
Los telares: Los dos telares eran unos bastidores de listones verticales y horizontales a diversa altura. Uno tenía dos pedales para tejer alforjas y otro cuatro para mantas. Unos cordones regulaban diversos palos en altura y presión. Multitud de hilos en horizontal formaban la trama y en vertical la urdimbre. Un peine que los atravesaba, era movido, a un metro de altura, alternativamente; mientas una pieza, la lanzadera con una canilla, era impulsada de lado a lado. Cada vez que accionaba el peine hacia adelante apretaba la trama y como si danzara, movía con los pies unos palos para dejar hueco a la lanzadera. El tio Pancracio manejaba con fuerza el peine y con agilidad la lanzadera mientras cantaba: “Se quejan los labradores de que cogen poco trigo. Que se lo tomen con paciencia, que a mí me lo dan cocido”. Las prendas se confeccionaban por encargo. Los miércoles en el mercado de Lerma hacían los tratos. Los interesados llevaban la lana y se pesaba, necesitando 10 kg por pieza. Se iban confeccionando las prendas: mantas y alforjas principalmente, para entregarlas semanas después.

Batanado: Después de tejida una tira de lana había que impermeabilizarla. El tio Pancracio llevaba las tiras a batanar a uno de los 4 batanes de Tórtoles de Esgueva. Estos semejaban molinos que aprovechaban la fuerza del agua para mover unas grandes mazas de madera. Sobre una pila humedecida se colocaban las tiras. Después de golpearlas durante unas 30 horas y cambiarlas de posición tres veces, se dejaban secar. Después se confeccionaban las mantas y alforjas adornadas con borlas. Tan apreciado era el trabajo de los bataneros que Carlos III los eximió de la milicia. Aprovechando las corrientes, los batanes fueron muy numerosos en zonas húmedas, como en Asturias que llegó a tener 200.

La lana: En la antigua España rural tuvo una gran importancia económica. Recuerden los privilegios de la Mesta, con el apoyo de los reyes, sus cañadas reales que pasan por el término de Villalmanzo, su trashumancia que todavía en los años 40 las recorría. En el pueblo (años 50 a 70) casi todos los vecinos tenían unas ovejas o un rebaño propio. En junio las esquilaban. Los dueños vendían los vellones al lanero o al pellejero. Guardaban alguno para hacer colchones o hilar. Recuerdo a las señoras, reunidas al abrigaño, tratando con las cardas de separar las fibras, mientras otras las hilaban con el huso y la rueca. Después, con santa paciencia, tejían para la numerosa prole: jerséis, medias, calcetines, fajas, bufandas, etc. En verano usaban los vellones enteros, después de lavados y vareados, para hacer o renovar colchones.
Otros telares: Los primeros telares se fueron introduciendo en España a partir del siglo XIII. ¿Cuándo llegaron a Villalmanzo? Ya en el siglo XVIII son censados 11 tejedores: 6 trabajaban la lana y 5 el lino. Y a principios del siglo XIX, poco después de la quema del pueblo, había 9 tejedores, en 1877 figuran 16 y a finales de siglo tan solo 9. Recordemos que nuestro héroe Marcelo Adrián, era hijo de tejedores. En Villalmanzo, de las fibras de animales: lana, alpaca, vicuña, angora, pelo de camello y seda, sólo tejían la lana. Y de las fibras vegetales: lino, algodón, cáñamo, yute y ramio, sólo tejían el lino y el cáñamo. Con la automatización de los
telares en el siglo XIX y los avances de la electricidad y los motores en el siglo XX, hay una gran revolución. Aparecen las nuevas fibras artificiales: rayón, nylon, poliéster, fibras de vidrio o acrílicas. La maquinaria se perfecciona con rapidez confeccionando muchos metros de tejido, sin apenas mano de obra, a mediados de siglo. A finales, con la robótica los telares son automatizados tejiendo largos y anchos paños. Esta revolución hizo que en 1950 solo trabajaran estos dos telares en Villalmanzo. Sin embargo, entre los años 74-76 una empresa, que llevó de Burgos unas modernas máquinas, dio trabajo de confección a Villalmanzo. Las instaló en el bajo del Teleclub. Y durante años, otra empresa de tejidos de Lerma empleó a obreras de Villalmanzo y dio faena a muchas amas de casa.
Conclusión: La confección de la lana era muy trabajosa. Todas las señoras del pueblo solían tejer para la familia con largas agujas. Con la modernidad fueron desapareciendo rebaños, pastores y lana. Los telares de mantas para el ganado se quedaron sin trabajo. Los últimos fueron desmontados en 1973 y uno figura en un museo de Burgos. ¿Se cultivaron plantas textiles en Villalmanzo? Creo que únicamente el cáñamo se daría bien en el terreno. A principios del siglo XX todavía se sembraba. En un censo aparecen dos cordeleros. En los años 40 desapareció el último, que trabajaba en plena calle, en la del Centro. Los dueños de telares fueron cambiando de ocupación. Dejaron de tejer aquellas pesadas mantas para los animales, que también nos abrigaron de la lluvia y del frío en el campo y en la era. Y aquellas bonitas alforjas en las que llevábamos el avío, con peligro de que comida, botijo y garrafón nos los tirase el mulo al espantarse o revolcarse, con el disgusto consiguiente. Dado el gran trabajo y escaso rendimiento, los tejedores se dedicaron a otros oficios, deshaciendo los telares. No tuvieron capital o iniciativa para adoptar la nueva maquinaria. Villalmanzo perdió aquellos artesanos del lino y la lana que habían trabajado tan esforzadamente. Con la modernidad, mecanización e industrialización, a los telares de mi niñez el tiempo se los llevó… ¡para siempre!
Carriguera