Costumbres y tradiciones

EL ÁRBOL DE NUESTRAS RAÍCES

Con la mirada socorrida del tiempo pasado, podemos recorrer, en su compañía, los hitos más interesantes que acompañan la celebración de esta fiesta del “pingar el mayo”. Se remontan los orígenes al Paleolítico, al Neolítico formando parte de un ceremonial animista y mágico; pero es en el periodo de hegemonía romana donde la ceremonia del mayo encuentra un alto significado. Establecen, los romanos culto a la diosa Maia el primero de Mayo; voces hay que atribuyen los orígenes del  mayo a cierta influencia celta. Bien, ¿y qué perseguía el pueblo romano con esta fiesta en honor de Maia? Los motivos de tal ceremonia no son otros que la celebración de la explosión, en su mejor sentido, de la primavera, el resurgir de los campos, el renacimiento de la vegetación, y la incitación a la fertilidad humana.Levantamiento del mayo

Desde entonces esta festividad o ceremonia ha hecho poso en variados núcleos de la geografía, conservándose a pesar de los devenires. Particularmente Castilla mantiene aún esta tradición, podemos citar comarcas como la Sanabria zamorana, la Armunia salmantina, la zona de Iscar en Valladolid, la Maragatería leonesa; Palencia en su raya con León, pero nos vamos a ceñir a la provincia de Burgos por ser una de las más rica en actos relacionados con la pingada  de “el Mayo”.Las comarcas más fieles a la ceremonia sagrada de “el mayo” lo constituyen la Ribera del Duero por una parte; la Sierra o zona de pinares por otra y, como dato curioso el barrio de Capiscol en la propia capital. Más o menos el proceso, la liturgia que acompaña el pingamiento, el levantamiento, el izado del árbol sagrado y toténico es el mismo: llegado el treinta de Abril, varios jóvenes, escasos en años y, con excesiva vitalidad, eligen el mejor árbol, el menos inclinado, el más latizo, el que acaricia el cielo con los dedos de su copa; por ser el más poderoso y poder arrebatárselo a la tierra lo hacen horizontal, y, en procesión de silencio, amparados en la confidencialidad de la noche, lo trasladan a la plaza de la iglesia de el Salvador en Capiscol, o a las plazas mayores de Tórtoles de Esgueva, La Aguilera, Zazuar o Caleruega.

 Llegada la hora mágica de las doce de la madrugada, despierta “el mayo” de su letargo horizontal; con exquisita precisión, el palo de veinte metros, para arriba de madera viva, comienza a flirtear con la geometría de los ángulos que da la inclinación; ayudados de escaleras y dos horquillas, los mozos y componentes diversos desarrollan la ceremonia del “pingamiento”. Necesarias, también, dos largas sogas amarradas a lo más próximo de la copa, la única que luce el mejor verdor de Abril en sus hojas; por aquello del equilibrio. Así, con mucho tiento y tino, bajo la dirección de los maestros en el izado, el tótem sagrado se deja llevar hasta su ansiada verticalidad; acunado en un hoyo de un metro y medio, el árbol sagrado vuelve a recuperar la lozanía de sus otros hermanos confundidos en la lejanía del bosque originario. Mientras esto sucede, las gaitas y cajas castellanas no han dejado de sonar, de regar el ambiente de sones, jotas, romanzas castellanas todas. Y, si miras al gran mástil, lo verás coronado de una enseña: el pendón de Castilla. Alguien, entre lágrimas puede desgranar alguna de las estrofas; “Ha venido Mayo por estas cañadas- bendiciendo trigos- granando cebadas.”  “Vitores a Mayo- que te empinaron- pero fue con ayuda de los casados.” Bienvenido sea el mayo que nos trae besos y rosas, las herramientas del amor.

José Luis Aragón Arribas

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Parroquia de Villalmanzo

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