EL ALARGAMIENTO DE LA MUERTE
Nos vamos a quedar en la baldosa de Castilla, en el breve análisis de la liturgia del dolor. Silencio, y austeridad son las constantes propias del norte peninsular, que se anteponen al bullicio, ostentación, y saeta del sur. La Semana de dolor no deja de ser la más importante para la Iglesia, se vive en ella la tortura, la muerte atroz de un hombre en la treintena, que resulta ser el principio, el origen de todo conocimiento, y, muere perdonando amarrado a un potro de tortura perpetuado, para siempre, en un símbolo: La Cruz.
En esta ceremonia de la muerte, estar en Zamora puede ser sobrecogedor. De repente el Merlú, avisa: “A las cinco de la madrugada del viernes, Procesión del Silencio camino del Calvario, acompañando al “Cinco de copas””. El románico de las iglesias firma un contrato de silencio; mientras el Duero, riega sus aguas con una fina lámina de lágrimas, por contemplar la bella imaginería de Ramón Alvarez.

Se trastoca el vocabulario y, lo que antes eran ceremonias, ahora son oficios, carreras, calvarios. Desaparece el bronce amigo de las campanas; irrumpe el rumor acartonado de la madera de las carracas; el sonido roto de los tambores. De nuevo, es el silencio agujereado con Siete Palabras que, con dolor extremo brotan de un crucificado sin apenas minutos. Su sangre colorea los adoquines de la Plaza Mayor de Valladolid, lugar enriquecido con las tallas de Gregorio Fernández y Juan de Juni. Ante la generosidad de los pasos, el rumor de la corriente del Pisuerga es inaudible por mejor apreciar la agonía de un Dios mayor.
Ya en la ciudad de Burgos, en un jueves marcado en el calendario con el clavo herrumbroso del sufrimiento; una Madre, desencajada por el dolor, es acompañada por sus cofrades hasta la explanada de la catedral. Quiere ver, abrazar a su Hijo: Un condenado a muerte. Que, se acerca ayudado de sus fieles; herido, lastimado en busca de su Madre.
Llegado el domingo de alegría, de campanas lucidas, de bullicio, de colorido. De Pascua. Seis jóvenes, llamadas Mozas de la Virgen, se esmeran en poner guapa a su Señora: los mejores vestidos, las joyas más valiosas, la exquisita repostería para su manto: rosquillas, pastas y emes. ¿La razón? −Muy sencilla, la Virgen ha quedado con su hijo que ha vuelto de nuevo. El Encuentro será por la mañana, en el atrio de la iglesia de un pueblo sencillo llamado Villalmanzo, y ellas van a cantar aleluyas de pascua.
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