Lo que el tiempo se llevó

LAS BARBERÍAS DE VILLALMANZO


Desde los años 40, había dos barberías en la plaza mayor del pueblo. Casi frente a frente, sin rótulo ni poste tricolor anunciador, se repartían la escasa clientela del mismo. Pero veamos un poco la importancia de los “pelos” en el género masculino, en la historia y en los cascajuelos. Hay muchos refranes que nos aconsejan aplicarlos “por los pelos”.

Los cabellos: "Salvado por los pelos", que se usa con frecuencia, viene del salvamento en ríos o mares al agarrar por melena. Aunque en Egipto ya se rapaban la cabeza, la cabellera larga se ha llevado durante siglos por motivos: estéticos, religiosos, políticos o penuria de medios. Los chinos fueron obligados a dejarse la coleta desde 1722 a 1911. Los varones usaron pelucas en caso de alopecia y como signo de autoridad: reyes, nobles, jueces, militares, actores… La industria de las cabelleras llegó a ser muy importante en la antigüedad y desde el siglo XVII.


Las barbas: "Cuando a tu vecino veas las barbas pelar…" Con la aparición del bozo comienza en los hombres la preocupación diaria de afeitarse o no. Desde la antigüedad se han visto barbas largas o rapadas. Las normas fueron dictadas por la autoridad civil, religiosa o la moda. Alejandro Magno mandó cortar las barbas a sus soldados para que los persas no se las mesaran y los vencieran. Los griegos se rizaban las barbas.


Los barberos: Han tenido una importancia enorme en el desarrollo de las comunidades. No solo por la estética y la higiene, sino también por su labor social. La barbería era lugar de reunión y de intercambio de noticias y experiencias. Los barberos actualizaban a los parroquianos, sobre las últimas novedades tanto políticas como sociales cuando no había medios de comunicación. En películas de la mafia se ve en la barbería cómo conspiraban o “les daban para el pelo”. Los barberos ejercieron de: peluqueros, cirujanos, sangradores, sacamuelas... Confeccionaron ungüentos y cosméticos como los famosos crecepelos. El oficio se aprendía por experiencia familiar. Durante siglos practicaron también la cirugía menor y las curas más diversas hasta que los cirujanos reclamaron a los reyes la separación de oficios. Entonces crearon el gremio de barberos.


Barbería del tio Agustín. Situada en el bajo de una casa en la plaza mayor. Era un pequeño recinto, con un banco contra una pared, dos sillones en el centro y en la otra pared unos espejos y unas baldas con los utensilios del oficio como: maquinillas, navajas, brochas, jabones, bacías, peines, colonias, pulverizadores, cepillos y en perchas, las toallas y telas. La estancia estaba iluminada por unas bombillas y una ventana a la plaza, por donde veíamos si había cola de espera. Desde los años 40 a final del s. XX el tio Agustín y su hijo Paco se turnaban para atender a la clientela.

Peluquería de Agustín


Barbería del tio Germán. Estaba casi enfrente, al otro lado de la plaza. Era una dependencia en la planta baja, con ventana a la plaza, con parecida disposición y utensilios que la anterior. Pertenecía a una familia de barberos que va por la 4ª generación. Comenzó con Juan Ortega a finales del s. XIX,  siguió su hijo el tio Germán,  su nieto Julio y parece que acaba con el bisnieto Julio.jr. La atendía el tío Germán a medados del s. XX que compaginaba con la cartería de Villalmanzo y una corta labranza. Le sucedió su hijo Julio conocido también como sacristán y por su buen humor. La tradición sigue con su hijo “Julito” que hace más de 30 años abrió la moderna unisex Peluquería Nueva Imagen en la Ronda de los Huertos.

Peluquería Nueva Imagen



Conclusión: El hombre siempre se preocupó por la estética de su cabello y su barba. Así que aquello de "el hombre y el oso..." no es cierto. Hoy en día seguimos preocupados por la alopecia y sus remedios con: pelucas, peluquines, bisoñés, crecepelos o los modernos implantes. Hay que reconocer que los utensilios de tonsura han mejorado una enormidad con los nuevos aparatos eléctricos y el agua corriente. Las barberías de Villalmanzo en los años 1940-60, sin agua corriente, tenían un instrumental sencillo. Raramente afeitaban a algún cascajuelo con navaja. Los mayores se rapaban la barba los domingos en casa. El pelo se lo cortaban con rara frecuencia. A los niños nos sentaba el barbero en un taburete sobre el sillón y temíamos que nos cortara la oreja cuando oíamos sonar las tijeras por detrás o cuando nos pasaba la máquina, que a veces nos arrancaba un pelo, con el ¡ay! correspondiente. En fin... "pelillos a la mar". Pero recuerdo qué contentos volvíamos a casa con un poco de colonia y la alegría de la madre al vernos "tan guapos". Así, con nostalgia rememoramos a aquellos barberos que con delicadeza nos "favorecían" y con nostalgia vemos que a sus barberías el tiempo se las llevó...

Carriguera

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Parroquia de Villalmanzo

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