Cosas de antaño

LOS CORREDORES DE VILLALMANZO

Si hoy llegaran dos forasteros al pueblo y dijeran a un niño: -“Oye, chico, busca a los corredores y di que los esperamos en las bodegas”. El niño se quedaría sorprendido, preguntándose si habría alguna carrera como la de San Silvestre.
A mitad del siglo pasado esta escena era frecuente.


Los corredores que buscaban, eran los del vino o de las bodegas. Jóvenes con fuerza y habilidad para manejar los odres, odrinas o pellejos, (recipientes de piel de cabra o ternero empegados para contener líquidos). Pertenecían a varias familias del pueblo que se fueron sucediendo en este cometido encomendado cada año por el Ayuntamiento.
Su misión era intervenir en los tratos entre vinateros y compradores y sacar y cargar el vino. Los  compradores solían venir con carros tirados por dos o tres mulos. Acordado el trato, los corredores bajaban a la bodega los odres para rellenarlos desde el pozal, midiéndolos con la media cántara. Después, entre dos cargaban el odre a la espalda del corredor sujetándolo con una cuerda y otro iba detrás ayudándolo. Subían a sus espaldas los pesados pellejos por aquellas empinadas, desiguales y resbaladizas escaleras para cargarlos en el carro. Las bodegas profundas como la de Los Muchos, La del Valle, La Alta, suponían un gran esfuerzo y peligro para estos muchachos. Después de la carga se cobraban los trabajos y las cuerdas que habían utilizado para atar los odres. Estas faenas se solían hacer los domingos, viéndose muchos carros en las bodegas en la época próxima al verano.


A finales de siglo, los medios modernos y los nuevos envases hicieron que desaparecieran los odres y se sirvieran de garrafones o garrafas o incluso con bombas eléctricas para la extracción del vino. Así pues, desaparecieron aquellos esforzados corredores que sudaron la gota gorda sacando el vino al exterior.

Arden

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