LAS FUENTES DEL PUEBLO
El pueblo de Villalmanzo no es húmedo por encontrarse en una zona más bien árida. La pluviosidad anual es aproximadamente 575 mm, en una altitud de 858 msm, enclavado en una zona casi plana, regada por el río Arlanza y unos cuantos arroyos próximos de muy escaso caudal. El pueblo está asentado sobre una placa impermeable y muy firme que llamamos "lizo", roca sedimentaria de guijarros parecida al hormigón.
Corrientes de agua: Debajo de este “lizo” hay unas corrientes provenientes de la zona noreste del pueblo. Estas afloran cuando el lizo se acaba por el valle del Arroyo de San Bartolomé o Arroyo Madre. Dan lugar a diversos y mínimos flujos de agua que aparecen en las zonas que bordean el pueblo hacia oeste y sur. Veamos las fuentes que han abastecido a Villalmanzo desde tiempo inmemorial.
Las Fuentes del Prado de Arriba: El prado de las bodegas situado al norte de la población es una llanura honda con relación a la zona de las bodegas colindantes y terrenos que las siguen, formando un gran talud debido a la extracción de arcilla durante la construcción de bodegas, casas y corrales de Villalmanzo. Esta zona coincide con una capa arenosa con pequeños manantiales de su mitad hasta el final. Ha sido tradicionalmente una zona encharcada durante todo el año. Aquí crecían chopos, juncos y hierba para pasto de la ganadería. En sus charcas abundaban las ranas con su inolvidable croar en las tardes de verano. El agua sobrante pasaba al otro lado por encima del camino que atraviesa el prado. En esta parte, el prado descendía entre junqueras que rezumaban agua y en la zona más baja había unas balsas.
La Poza de Arriba: Bajando la cuesta hacia el Prado de Arriba se encuentra a izquierda una fuente. Sencillo manantial que vierte a una pequeña poza y desagua más abajo en balsas para regar unas pequeñas huertas. Hasta hace pocos años la bajada a dicha fuente era muy resbaladiza por la inclinación de las dos húmedas pendientes por las que se accedía. A ella acudían los vecinos próximos y la gente que iba a las bodegas. Con un flujo de agua muy escaso, su potabilidad también era dudosa. Hoy tiene un sencillo caño, una poza de cemento y ha mejorado su accesibilidad con escaleras de cemento.
El Lavadero de Arriba: Al bajar del Prado bordeando el pueblo por el oeste había unas huertas inclinadas hacia el arroyo, que también se surtían con pequeños manantiales de los que regaban. Después estaba la fuente que llenaba la Poza de Arriba, donde los vecinos cogían agua. Aunque de pequeño pero continuo caudal, abastecía a este lavadero que se dividió para lavar y aclarar. Aquí hacían la colada de las casas vecinas. También, a su salida dirigían las aguas a las huertas de las proximidades.
La Fuente la Salud:
-Depósitos: Para la captación de aguas para esta fuente se hicieron dos depósitos, en el año 42: uno en el norte y otro en el sur de esta fuente. El del norte todo cubierto y sobresaliendo un poco hasta hace poco. Bajando a la Fuente había un pequeño manantial. El depósito de la parte sur también saliente, debajo del final del atrio, tenía una pesada tapa de cemento que de ordinario no estaba en su sitio. Daba agua a la fuente y también a las huertas por un canalito que atravesaba el camino. Tenía el agua muy clara y estaba lleno de cantos rodados e incluso allí se criaban cangrejos.
-El Pilón: Dos caños en una pared de 4 m que daban agua no muy abundante a una pila semicircular que llevaba el agua al pilón perpendicular a la pared. Una escalera lateral hecha de cemento daba acceso por la parte trasera de la torre y unos escalones por otra parte. El pilón de unos 7 m remansaba agua suficiente para abrevar a los numerosos animales equinos, bovinos y ovinos en los años 50. Por entonces ya aparecía resquebrajado por los laterales. Al final tenía un desagüe y un orificio para su limpieza. El agua sobrante regaba unas huertas más abajo. En la pared figuró un letrero conmemorativo de su edificación, sustituido recientemente por otro. Se quitó el bonito pilón, se hizo uno en un lateral y se ha remodelado la zona varias veces. Siguiendo el camino de la Venta estaba el otro Lavadero o Poza de Abajo, ya tapado por la rotonda, con un manantial en su interior.
Las Huertas de Abajo: En la parte sur había unas huertas detrás de Solascasas que recogían el agua del acuífero. Todavía hay un pequeño estanque con una pobre canalización. Después siguen otras huertas con balsas o pozos que recogen el agua que fluye lentamente. En ellas destacaban por su altura y frondosidad un moral y las higueras junto a las tapias.
La Fuente Culo: Todavía hay quien recuerda que al final de la calle de Villafranca manaba abundantemente y que incluso haciendo una presa, podían lavar la ropa. Después venía el cauce que recogía las aguas pluviales del pueblo e inmediatamente la Fuente Culo. Era una oscura cabaña, donde se remansaba el agua y sobresalía por una losa de la entrada. Seguía el arroyo que mediante pequeñas presas regaba las huertas enfrente del Prado de Abajo hasta unirse al Arroyo. La Fuente Culo al hacer los desagües del pueblo se “cenegó” dejando en su lugar una hermosa acacia.
La Fuente de la Paloma: En mitad del Prado de Abajo había a media altura, una balsa amplia y de pequeña profundidad excavada en el terreno con un manantial pobre, que servía para abrevar los animales, coger agua para las eras próximas en verano, humedecer los vencejos e incluso para lavar ropa y hacer adobes.
El “encaño” de las eras de abajo: Cuando acaban las eras desciende el terreno y en las cunetas de los caminos en invierno y primavera corren unos hilillos de agua. La caseta detrás del cementerio tenía un pozo y más abajo salía el agua de un “encaño”. En verano las eras próximas se surtían de él.
Conclusión: Villalmanzo ha dispuesto siempre de agua en pequeñas cantidades en manantiales que rodean el pueblo y en pozos artesianos de poca profundidad en muchas casas y algunas casetas. Estos acuíferos, de agua a veces no potable, han disminuido su caudal debido a perforaciones por calles, edificaciones y extracciones. El entorno de la Fuente la Salud se ha remodelado varias veces y de la Poza de Arriba se mejoró. De las pequeñas corrientes, que mal canalizadas discurrían por gravedad, regaban o embalsaban para después regar a calderadas. En los años 50 se cultivaban muy bien estas huertas. Eran unos pocos surcos que las familias se repartían. Cada una era conocida por el mote familiar. La producción se reducía a unas pocas coles, lechugas, cebollas, patatas y tomates, pimientos, pepinos. Los niños visitábamos las huertas por curiosidad, para buscar caracoles o culebras. Hoy, contemplamos con pena que muchas huertas están, salvo excepciones, abandonadas y sus paredes derruidas...
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