EL FIELATO
Era una pequeña oficina o garita a la entrada de las poblaciones, en la que se pagaban las tasas y arbitrios de mercancías, víveres, vehículos… que ingresaban en la localidad. Los encargados cobraban dicho impuesto (el Fielato) y vigilaban que las mercancías estuvieran en buen estado y peso ajustado.
“PASO AL FIELATO”: Este sencillo rótulo sobre una tabla aparecía en las entradas del pueblo. Ya no queda ninguno en Villalmanzo, pero aún es legible uno en Espinosa de Cervera. En Villalmanzo no había una oficina o garita para el control y cobro. Era una oficina “virtual y ambulatoria”; es decir, el cobrador salía a las entradas del pueblo a cobrarlo.
Cada municipio recogía el impuesto por las mercancías, vehículos, etc. que entraban en él. En Villalmanzo, el Ayuntamiento subastaba el cobro de este impuesto. El pregonero anunciaba las condiciones y quien más pujaba se quedaba con la subasta. De ordinario solía ser un padre de familia numerosa. Así, siendo varios los miembros, podían recaudar mejor el impuesto. Había que controlar las varias entradas al pueblo, sobre todo los miércoles, día de mercado en Lerma, en las ferias y fiestas y a la llegada de los autobuses.
Antiguamente, ahora y siempre, a la gente no le gusta pagar impuestos. Con la clásica picardía española, el que podía evitaba encontrarse con el cobrador. Así que nadie pasaba por la “oficina” a pagar voluntariamente. El cobrador iba al encuentro del posible importador de mercancías y preguntaba si había algo que declarar. En caso afirmativo, se abonaba una cantidad dependiendo de los kgs o litros que entrasen. Recuerdo que en Lerma había que pagar incluso cuando llegabas con una bicicleta. Vi a un camionero que entró en Villalmanzo vendiendo naranjas y se negó a pagar porque no vendió nada. Conocí al jefe de un Fielato que me contó estas triquiñuelas: meter las mercancías por la noche cuando solo se hacía de día, introducir género en dudosas condiciones, tratar de sobornar a jefe y empleados. Todavía hoy los ayuntamientos siguen aplicando una tasa a los vendedores ambulantes.
Este impuesto, el Fielato, era continuación de las antiguas alcabalas que se cobraban en la Edad Media y Moderna a la entrada de pueblos y ciudades para sufragar reinos y ayuntamientos. En la década de los sesenta se suprimió el Fielato, sustituyéndolo por otros tributos para no perjudicar las arcas municipales. Así se dinamizó en gran manera el tráfico de mercancías y vehículos. Las garitas cambiaron de ocupación o se derruyeron. Ya saben, hoy no hay Fielato, pero aunque duela, hay otros impuestos a pagar y a… liquidar puntualmente.
Arden