Cuentos del abuelo

POR LA DIGNIDAD

La tradición cristiana nos recuerda unos eventos muy particulares. Es el caso de la Semana Santa. Todos ellos no son recuerdos muertos: están vivos porque son recuerdos de la Pascua (el “paso”) de Jesús, el cual nos pide: “Haced esto en memoria mía” (Luc. 22,19). Y nos pide que lo repitamos para que lo que ellos significan, incorporen sentido a nuestra vida, a los actos, esperanzas, alegrías y sufrimientos que nos acompañan. Es verdad que las cosas hoy día son bastante más complicadas. No obstante, la complicación también tiene su respuesta con las formas y actuaciones que hoy nos piden las circunstancias.

En estos días ha habido las “Marchas por la dignidad”. Acudo al Diccionario y me voy al adjetivo digno y leo: “aplicado a las personas y a sus actos, palabras, etc., se aplica al que obra, habla, se comporta, etc., de manera que merece el respeto y estimación de los demás y de sí mismo; que no comete actos que degradan o avergüenzan, que no se humilla y que no tolera que le humillen”. Esto es lo que solemos entender por honrado: una persona digna es aquella que “obra… y que no comete…”. Lo expresa en sentido positivo (obra) y en su sentido negativo (no comete); y lo refiere a sus “actos, palabras, comportamientos"; lo sitúa también en cómo nos ven los demás y de qué modo nos vemos nosotros mismos, ambas “visiones” juntas. Es “digno” de pensarse esta definición; aquí tenemos, pues, una buena materia de examen: ¿cómo estamos en dignidad? ¿qué calificación nos dan los que nos miran, y cuál es la nuestra? ¿Cómo respetamos y cómo nos respetan? ¿Hasta dónde esto es cosa mía (temperamento, carácter…) o hasta dónde responde a mis ideas, mis valores, mi actitud ante la injusticia que otros no comparten? (Cristo mantuvo su mensaje contra la corriente oficial del ambiente religioso de su época). ¡Vale la pena revisarlo también en estos días de Pascua! Porque ¡anda que no tenemos la autoestima bien subida cuando nos creemos mejores que nadie! Y ¿de qué nos vale esto, si no se ajusta a la verdad? Sé justo contigo mismo al comparar tu estima con los demás para que tu dignidad cívica de ciudadano honrado, puedas ponerla al servicio de los que así te estiman.

Reflexiona; pero vete a la raíz y pondera el camino humilde y nada fácil, que nos marca el Maestro, para enderezar lo torcido. Recuerda que todos tenemos una dignidad de hijos de Dios conseguida con la sangre y de la muerte de Jesús, el Resucitado. De ella nace el principio de nuestra hermandad ante Dios. ¡Felices Pascuas!

El Golilla

Edita:

Parroquia de Villalmanzo

Correo electrónico:

hola@elcascajo.mlogicial.com


  Edición web:     Mlogicial