CAPELO, BIRRETE, GORRETE
Una mirada a los nombres, más bien a los sobrenombres más comunes que abundan en el habla de nuestra localidad, nos puede procurar curiosidad por su proceder u origen. En el caso que nos ocupa nos vamos a detener en el apelativo familiarmente conocido como gorrete.
Para ello hemos de echar mano de un episodio histórico en nuestro país y desplazarnos unas leguas siguiendo dirección del regañón sin despegarnos mucho de la ribera del Arlanza en predios próximos a Santa María del Campo. Giramos la rueda del tiempo hacia atrás hasta Septiembre de 1506: tras un partido de pelota en el castillo de Burgos, Felipe el Hermoso esposo de la reina Juana fallece al tomar agua demasiado fresca. En Nápoles se halla Don Fernando, a la sazón padre de la reina; que apremia a Francisco Jiménez Cisneros, obispo de Toledo, para que gobierne y conduzca los destinos del basto suelo español. A su regreso, Septiembre de 1507, el Rey don Fernando trae en valija el nombramiento, como cardenal, de Cisneros en premio a su labor de regente, dadas las condiciones y precario estado de la reina Juana.
El acto, la liturgia, parafernalia que tal situación demanda, en principio ha de desarrollarse en la Behetría de Santa María del Campo donde ya están aposentados el Rey Don Fernando, los nobles, el Obispo Cisneros además del Nuncio de Su Santidad el Papa Julio II; sin desdeñar la presencia del numeroso cortejo fúnebre que acompaña al cadáver de Felipe el Hermoso: prelados, hidalgos, capellanes, escuderos, servidores. Dicho séquito ha de refugiarse en Santa M.ª del Campo proveniente de Torquemada donde hay brotes de peste. Es entonces cuando surge el problema: se opone, la Reina Juana, a que la ceremonia de imposición del capelo cardenalicio a Cisneros se desarrolle en la villa de Santa María del Campo como propone su padre el Rey Don Fernando, los nobles, la curia. No puede, ni debe consentirlo Doña Juana: “Donde yo esté, no puede haber fiesta, sólo recogimiento, rezos, luto, tristeza, respeto y silencio.” Manifiesta la reina enlutada, consumida por las lágrimas. Por esto la cercana Behetría de Mahamud es elegida para los fastos que comprenden la imposición del birrete cardenalicio a Cisneros, gracia otorgada por su Santidad el Papa Julio II a instancias de Don Fernando.
Tras la Puerta de Poniente, ya en la Plaza Mayor: Alcalde Mayor, Percheros, Merinos, Juez, Escribano Mayor y pueblo en general cumplimentan al Cortejo Real y Curia. Ya en la Iglesia de San Miguel bendice, el Nuncio de su Santidad el birrete o capelo a Cisneros, de la Orden de los frailes menores, destinado que jura fidelidad sobre las Sagradas Escrituras. Rinden honores, al ya cardenal, el Rey, nobles, pueblo llano.
Los días que siguieron fueron de júbilo, de celebración. De ocio festivo ¿por qué nó? a pesar de la sequía que asolaba estas tierras. Se hicieron expediciones de caza, competiciones de tiro con arco, juegos de tuta, de bolos; malabares, teatro, junto a relatos y música de calle abundaron también. Hasta corridas de toros como en Benavente. El despoblado de Villahizán, posesión ésta de Mahamud a veces visitada de pastores y labradores, tampoco fue ajeno al motivo de jolgorio y celebración. Hasta dicho lugar trasladaron, los vecinos, la imagen más que impresionante; de un crucificado que refleja sufrimiento. Fiesta y ocio se hicieron extensivos al Molino de Escuderos junto a otros núcleos en el alfoz de varias ermitas.
En el mismo acto de su nombramiento recibió Cisneros, ya cardenal, las llaves de la villa. En compensación obtuvieron, sus moradores, varios dones y prebendas: licencia para un mercado los primeros martes de mes con banco de feria, y préstamos en modalidad de cambios en seco y trapazas. Bienvenidas fueron las ayudas pecunarias, por parte del Rey, para levantar un hermoso retablo en la Iglesia de San Miguel.
Quizás lo más curioso de aquellos tiempos fue la aparición por vez primera del gentilicio gorrete, atribuido a los moradores de Mahamud. El capelo concedido al Cardenal Cisneros derivó en birrete y, éste para el pueblo llano quedó en gorrete. Que así es como se conoce a estas gentes desde entonces. No es costoso escuchar en la localidad este dicho: “¡Gorrete, más que gorrete, que vendisteis a Jesucristo por un zoquete…! en alusión al Cristo de Villahizán.
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