La indignación se desborda
No es de extrañar. Demasiados temas sombríos han vuelto a empañar este comienzo del nuevo año. El abuelo se siente abrumado por tan graves escándalos y salta por los aires la poca fe que le acompañaba al iniciarse el 2013. Así como está ahora mismo nuestra democracia, no se puede
gobernar; es tan grave lo que está sobre la mesa -graves escándalos en el partido que nos gobierna y corrupción generalizada- que resulta imposible confiar en ninguno. Una situación semejante no se ha dado en nuestra historia moderna.
Amigos, el ideal de la democracia es que todos los integrantes del colectivo de personas que decide vivir sometidos a sus normas, tenga confianza plena en la honradez de sus vecinos. Sin esto, no puede existir democracia auténtica, será una farsa. Si analizáis muchos de nuestros conflictos personales, veremos que radican en una ruptura de la confianza mutua por la razón que sea: se rompe el lazo que nos unía con alguno de la colectividad, con quien nos llevábamos bien. Y si la causa es el engaño que no reconoce el engañador, se hace muy difícil recomponer esa ruptura. Pues bien, esto que sucede en una agrupación pequeña como los pueblos o barrios…
¿Qué os imagináis cuando afecta a los 45 millones de personas de nuestro país? Pues que el 90% se sienten engañados. De este modo, el pacto entre electores y elegidos se ha roto, porque el elegido (Gobierno o partido) ha engañado al pueblo elector al defraudar el pago de sus impuestos. Damos por supuesto que el elegido era honesto y que presuntamente no lo ha sido, a juzgar por las pruebas que se han publicado. Doy por hecho que conocéis los escándalos. No los comento. Solo quiero reflexionar sobre ellos.
La mentira corroe las relaciones de armonía que buscamos cuando nos unimos con el resto de personas de un equipo de un grupo de amigos, de aquellos que forman un municipio, un país. Este es el mal que destruye tantas cosas buenas que aportamos las personas cuando nos unimos para conseguir un fin. Amigos, los conflictos humanos pueden tener remedio, aunque puede ser traumático. Somos humanos y nos podemos equivocar. Reconocer y enderezar es lo correcto. Seguiremos hablando
El Golilla.