PORQUE TUVE HAMBRE...
Consciente de que la pobreza no es buena para nadie, la O.N.U. nos pide que el próximo 17 de octubre, lo dediquemos a recordar que estamos implicados en una “lucha
contra la pobreza”, en una campaña para erradicar la pobreza del mundo.
Pero, ¿qué es la pobreza? Empecemos por lo que no es. Ante todo no es un ente informático virtual, algo que existe, pero que no existe, un fantasma que se aparece con la sequía prolongada…
La pobreza es una abstracción ciertamente, una creación intelectual, un concepto basado en una realidad concreta y tangible: los pobres. Los pobres existen y, a veces, en las ciudades se hacen muy vivibles, porque son excluidos, porque se asocian para hacer más soportable su situación. Nadie es igual a su semejante; cada uno tiene su propia historia que le ha llevado a eso, a carecer de recursos para atender sus necesidades básicas: vivienda, ropa, alimento, cariño y acogimiento familiar, asistencia sanitaria, autoestima, conocimientos y capacidad para adaptarse a la vida, confianza en amigos, ¡esperanza!…
Aguantan calladamente un día, un mes, un año sin horizontes y van perdiendo su dignidad poco a poco ante los intentos fracasados, hasta llegar, cansados en intentarlo, a la degradación de su ser como persona. No desvíes tu mirada; son personas como tú, como yo, que no cuentan con energías “posibles” para seguir luchando. No te retires, espera y déjate impactar por lo que te muestran, hazles compañía que te van a enseñar… Acércate y pregunta por su nombre, mírale a la cara, y si tienes buen ánimo, busca alguna palabra y deposita en su mano, en su platillo algo de lo que tú posees, porque tuve hambre…
Amigos, es verdad que hay pobres y menos pobres; los abuelos de hoy, sabemos en carnes propias o en ajenas, lo que es vivir en pobreza y la angustia que ésta produce. Basta que hagáis, con la cabeza y los ojos bien abiertos, un recorrido por los museos del pueblo. Todavía quedan algunos que lo pueden contar, aunque por ser cosas tristes preferimos olvidarlas. Pero no es cosa para avergonzarse, no tenemos por qué. Las nuevas generaciones que felizmente no lo han vivido, no se pueden dar idea de lo que es el no poder satisfacer una necesidad vital. Ahora disfrutan de las oportunidades que se presentaron y los abuelos hicieron suyas.
Este abuelo participó el mes pasado en un congreso de la ONGD “SED” en su 20 aniversario. Allí compartió con testigos que, asumiendo estas miserias y conviviendo con los pobres, impulsan la construcción de escuelas, ambulatorios, mejoran las técnicas de cultivos, se integran en su cultura… Les llamamos voluntarios, cooperantes, activistas,solidarios, misioneros… Son miembros de una familia mundial; son los que responden al porque tuve hambre…, sed…, era peregrino…, estuve en la cárcel…
El Golilla