Entrevista

Dije el refrán africano que “cuando un mayor fallece es como si ardiera una biblioteca”. Nuestros mayores conservan una auténtica sabiduría, la de los años. Hoy nos hemos acercado a casa de la más anciana de nuestro pueblo, con 100 añitos. En su casa, junto a su hija Magdalena que la cuida, nos acoge con la simpatía que la caracteriza...

María Arnáiz Adrián


Preséntese a nuestros lectores ...

María Arnáiz AdriánMe llamo María Arnáiz Adrián y nací en Villalmanzo el 12 de mayo de 1912. Mis padres se llamaban Victoriano y Benita.

Cuéntenos cómo era la escuela de aquella época.

Yo fui a la escuela. En aquel entonces estaba por el Tercio. Mi maestra se llamaba Feliciana.
Íbamos muchas niñas, aunque siempre faltaba alguna porque tenía que ir a las tareas del campo. Los niños iban a otra escuela con el maestro.

Allí aprendimos a leer, las cuentas, el catecismo… Teníamos un libro para todo, que nos daba la maestra. Algunas veces teníamos deberes para casa. La verdad es que no nos castigaba mucho aquella maestra.

Íbamos a clase a las 9 de la mañana, hasta las 12. Y luego, por la tarde, de dos a cinco. Siempre terminábamos el colegio yendo a la iglesia a rezar ante el altar de la Inmaculada.

Para calentarnos la maestra tenía bajo la mesa un brasero. Teníamos que ir a por las brasas a una fábrica de aguardiente que había. Los demás teníamos unas latas con fuego.

Y en su casa, ¿qué hacían?

Nosotros éramos seis hermanos. Ellos iban al campo; algunas hermanas se fueron a Madrid para servir. Teníamos que trabajar mucho con los animales: las gallinas, el cerdo, las ovejas, los conejos… Muchas veces faltábamos al colegio porque había que ir a hacer las faenas del campo: quitar cardos, sarmentar, segar… Comíamos los que había: al matar se hacía relleno, y era una fiesta. El pan lo cocíamos en los hornos que había por el pueblo.

¿Iban mucho a la iglesia?

A la iglesia íbamos todos los días. Los domingos, si no íbamos a misa, nos castigaba el maestro al día siguiente. No perdíamos nunca la misa, ni tampoco el rosario por la tarde.

Recuerdo que había un órgano, que tocaba el tío Juan, que era el sacristán.

El día de la primera comunión hicimos lo que nos mandó el Sr.Cura: teníamos un libro y nos hicieron un vestido.

¿Cómo fueron los tiempos de moza?

Alguna vez fuimos a las fiestas de Santa Inés y de Lerma. Veníamos por la noche, yo con mi hermana. A mí no me dejaron ser moza de la Virgen, porque también estaba mi hermana. Mi madre me mandaba ir a cuidar a mis sobrinos a Lerma: tenía que ir y venir andando, para que mi hermana se fuera al campo a trabajar. Recuerdo un día que fui a trillar con mis hermanos, y mientras ellos se echaban la siesta, yo me quedé dormida sobre el trillo y los machos se salieron de las heras para volver a casa… El pueblo era todo de adobe, sin asfaltar… En vendimias siempre llevábamos un cesto al cura, al médico...

Llega la guerra…

Yo ya estaba casada con Abilio Arnáiz. Tuvimos dos hijos. En la guerra se mataron a muchas personas. Mi marido tuvo que ir al frente, donde murió en Vitoria. Me dieron 80 ptas. Entonces, me marché a vivir a casa de mi madre y me quitaron la pensión porque decían que me mantenía mi madre.

¿Qué hizo luego?

Me volví a casar y tuve otros cuatro hijos. Aquellos años fueron muy duros, después de la guerra, con Franco. Estaba todo racionado y se pasó muy mal.

¿Qué recuerda de aquellos años?

Teníamos que ir a lavar a las pozas: yo, como vivía cerca, solía ir a aclarar por la noche lo que lavaba en casa. Solo teníamos ropa de quita y pon. Teníamos que ir mucho al campo: a la una de la mañana, no había máquinas… y después del campo, lo de la casa: y no faltaba nunca a la iglesia. Sí que me ayudaban los chicos, pero como siempre la estaban liando, me iba yo sola: me levantaba antes y traía la hierba para los bichos… No he parado…

¿El secreto para llegar a 100 años?

He tenido buena salud, nunca he ido al médico, ni he tenido dolores. Bebo todos los días un vasito de vino al mediodía y por la noche. He trabajado mucho y he comido lo que había… La verdad que no cambiaría lo de ahora por lo de antes: antes no había nada.

¿Y la muerte?

Cuando llegue… yo la pido ya. Rezo mucho todos los días.

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