Cuentos del abuelo

EL NIÑO PERDIDO

--Yo pregunto, señor, ese amigo del que habla Isaías en el relato que ha leído Ud. ¿tenía un nombre como el nuestro o era un amigo invisible? --¡Claro que tendría un nombre, cómo no, pero Isaías quería interesarles por la “viña” y no por el nombre del amigo. –Sin embargo, el “amigo” es el que plantó la viña, por eso me parece tan importante saber quién es ese “mejor amigo” como Ud. ha leído. –Dices bien, pero ¿cómo te llamas y qué edad tienes? –Tengo 12 años y me llamo Jesús. --¿Y nos lo puedes explicar tú mismo? –Diré lo que en este momento pienso. Ese “amigo” es Dios, mi Padre todopoderoso. Leed lo que sigue y veréis lo que Él esperaba de su viña: buen fruto y justicia, pero solo ve asesinatos y escucha gritos de dolor, dice Isaías. Y dice más ¡Ay de vosotros que compráis casas y más casas, campos y más campos como si fuerais los únicos en el país …

En esto, se acerca al grupo un matrimonio joven y se queda maravillado. ¡Ahí estaba el que buscaban! Esperaron a que terminase y pudo ver cómo toda la gente, incluso el doctor de la Ley, quedaban admirados de sus preguntas y respuestas. Seguid leyendo; lo tenéis en san Lucas, 2, 40-52.

Habremos oído o leído muchas veces esto: es la historia de la infancia de Jesús, en este caso del inicio de su “adolescencia”. ¿Os imagináis a un muchacho del pueblo (doce años) preguntando y respondiendo en la catequesis del Sr. Cura con esa soltura? No lo habéis conocido posiblemente, pero sí puede ser; al fin y al cabo, Jesús actuaba como un “chico listo” “crecía en sabiduría, edad y gracia” habéis leído al terminar el relato. En todo era igual a vosotros, muchachos, porque lo quiso así para mostrarnos el camino recto, desde los primeros pasos hasta el final.

¿Qué pasa con el niño al llegar a la “adolescencia”? Pues que el “niño” se desliga un poco de sus padres y pasa más tiempo con sus primos, sus amigos, comparte con ellos sus habilidades, los juegos en equipo, comenta lo que ve en la TV, lo que lee, sus invenciones y fantasías. El adolescente defiende su opinión sobre lo que oye y ve, toma sus decisiones en muchas cosas (juegos, tareas escolares, relación con los amigos…), se siente estimado también fuera de casa por su carácter, su interés con los amigos, sus habilidades, y esto le da mayor seguridad en sí mismo, aumenta su autoestima, se siente bien y le impulsa a superarse, a ser mejor. Está en el proceso de maduración para llegar a ser un hombre: con el ejercicio físico (y la buena alimentación) se hace “mayor”, crece; con los estudios y la convivencia se hace “adulto”: dialoga, discute, asume responsabilidad en sus decisiones, gana experiencia. El “niño” no está “perdido”, solo está cambiando, entrando en la vida como persona, madurando en lo que será su personalidad, “haciendo camino al andar”. El niño “crecía en edad, sabiduría y gracia”. Esa es vuestra tarea principal, muchachos.

 

El Golilla.

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Parroquia de Villalmanzo

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