Lo que el tiempo se llevó...

LAS CARPINTERÍAS

Entre los años 50-70 del pasado siglo, había en Villalmanzo cuatro carpinterías. En dos, que eran extensas, trabajaban varios miembros de la familia y en las otras el titular.

Ubicación: Una de las carpinterías familiares cuyo local todavía existe, estaba en la calle del Ayuntamiento. Era la de Mariano, el Carretero, también conocida como la Carpintería de Abajo. La otra, hoy desaparecida, se encontraba en la calle del Tercio, hoy solar de la casa de Alejandro y “Nico”: era la del Carretero de Quintanilla, también conocida como la Carpintería de Arriba. Otra, la de Venancio, se encontraba en la calle La Paloma y todavía existe el edificio. Finalmente, otra en la que se instaló Ángel, sobrino del entonces cura del pueblo, don Ángel Segura,  se situó en un local de la calle Villafranca, cerca de las eras de arriba.

Carpintería de Abajo: El propietario era Mariano, para todos, el Carretero, al que empezaban a ayudar sus dos hijos varones Jesús y Mariano. Era un solar rectangular en el que tenía una nave y un pequeño edificio adosado con paredes de adobes y al final un patio. Iluminada por dos ventanas y unos portones de madera daban acceso al interior. Entrando, a derecha, había un banco de trabajo con diversas herramientas y estantes en la pared lateral. A continuación venían las “modernas” máquinas: sierra alta y cepilladora. En dicha pared, a 4 m de altura había un eje con ruedas que movía las máquinas accionadas por correas de transmisión y la fuerza de un motor desde el local adjunto. Al fondo, estaba la fragua con el yunque y las herramientas oportunas. Tenía un pequeño ventilador accionado a mano para avivar las brasas. A continuación en la pared del fondo había una puerta que daba a un patio. En el suelo estaba la piedra de afilar. Y volviendo hacia la entrada se encontraba el taladro con su rueda horizontal alta. Y una zona de trabajo para grandes piezas como carros o portones de madera.

Carpintería de abajo, de Mariano, el Carretero

Carpintería de Arriba: Era la llamada también de Quintanilla, por la procedencia del dueño, Isidro, el Carretero. Tenía también un gran local, con patio y casa al interior. El padre de familia numerosa era ayudado por su hijo mayor, Agustín. Con herramientas parecidas a la carpintería anterior, trabajaba igualmente, sobre madera, haciendo carros, puertas, escaleras, tarimas, etc. y algo con hierro como afinar las rejas de los arados en la fragua. Cuando los hijos se hicieron mayores, en los años 60, se cerró y emigraron al norte.

Carpintería de Venancio, más conocido como el Cartero. Este señor polifacético y pluriempleado, atendía ayudado por su esposa a una pequeña pescadería y a la cartería del pueblo y de Santa Inés. Pionero del ecologismo: todos sus desplazamientos los hacía en “bici”, tanto para ir a Lerma cada día por el pescado como para el reparto de la correspondencia. El local era pequeño y estaba situado enfrente de su casa. No tenía fragua ni hacía carros, pero sí puertas de madera, ventanas, torneados, incluso maletas de madera, etc. Trabajó en ella hasta que se jubiló, ayudado por su hijo Carlos.

Carpintería de Venancio, el Cartero

Carpintería del sobrino del cura. Ángel llegó de fuera siendo mozo y estableció una pequeña carpintería en un local de la calle Villafranca. Como las otras carpinterías, estuvo dedicada a parecidas faenas. El joven la abrió y estuvo unos años funcionando. Creo que hizo unos sencillos bancos corridos con respaldo, con los novedosos tableros de aglomerado, para la iglesia de Villalmanzo. Tal vez, a falta de éxito en la empresa, lo dejó y emigró.

Trabajos: Utilizaban la madera local de chopo, encina, enebro y a veces nogal y la foránea de pino de la sierra y de haya del norte. Hacían también de herrerías en menor grado. Se dedicaban principalmente a hacer y reparar carros, carretillas, arados, puertas, ventanas y los aperos de los labradores. Aserraban vigas, machones, aleros. Ponían tarimas en las escasas obras de entonces: casas, habitaciones y la base de los tejados. Se les encargaban también escaleras de mano, barandillas o pasamanos, banquetas, etc. en contadas ocasiones. Los trabajos en hierro estaban relacionados con el armazón metálico de carros y con la labranza y rejas de ventanas. Muchas mañanitas, en época de arada y siembra, mientras esperaban el deshielo, acudían los labradores a reparar y afinar las rejas de los arados. Para un niño, era bonito contemplar cómo manejaban con destreza las herramientas usuales entonces: tronzador, hacha, azuela, garlopa y las novedosas: sierra alta de cinta, cepilladora y sopletes de acetileno y más tarde, de arco. Desgraciadamente a veces surgían trabajos urgentes e ingratos: cuando por muerte de algún convecino tenían que hacer rápidamente la caja del difunto a medida. Y el día del entierro, clavar la tapa con martillazos certeros que retumbaban dolorosamente en el corazón de familiares y amigos.

Interior de la carpintería de Mariano

Conclusión: Con la modernidad vino la decadencia de estas “empresas”. En los años 60 hubo una “revolución” en la agricultura: van apareciendo los primeros tractores en Villalmanzo. Desaparecen aperos de madera como carros y arados. Empieza la etapa de mecanización del campo. El hierro va haciéndose más presente en obras y aperos desterrando un poco la madera. Ante la falta de trabajo cierran dos carpinterías. Ya no se harán aquellos carros de varas o de yunta que salían pintaditos. No es que fueran como coches nuevos pero hacía ilusión estrenarlos. De las dos carpinterías que quedaron, la de Venancio siguió trabajando la madera y la de los hijos de Mariano, también el hierro. Cerraron estas carpinterías y abrieron otras en naves del Polígono Industrial. Pero Villalmanzo perdió unos valiosos artesanos que manejaban con destreza las anticuadas hachas, azuelas, garlopas y sierras. Pero en los mayores quedan aquellas imágenes, sonidos y recuerdos de las antiguas carpinterías que el tiempo se llevó…

Carriguera

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Parroquia de Villalmanzo

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