Entrevista

Clementino Arnáiz Rodrigo

Preséntate a nuestros lectores...

Soy Clementino Arnaiz Rodrigo, nací un 20 de julio de 1940 en un barrido simpático y, entonces, muy populoso de Villalmanzo llamado Cantarranas. Digo lo de simpático porque era un barrio con una personalidad propia por sus gentes acogedoras y serviciales. Mis padres se llamaban Fausto y Luisa. Soy el sexto de siete hermanos.

Mi ministerio sacerdotal lo he desempeñado en Salas de los Infantes, donde estuve dos años. Estuve después nueve años en el Seminario de San José como formador. Después estuve en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima hasta el año 1993 y desde entonces estoy en la Parroquia de Santa María la Real y Antigua ambas de Burgos. Durante estos cincuenta años he compartido los quehaceres parroquiales dando clases o charlas.

Clementino Arnáiz Rodrigo

Hace 50 años que te ordenaste sacerdote. ¿Qué recuerdos tienes de ese día?

Los mejores de mi vida. Recuerdo especialmente el momento de la consagración de mis manos. Habían de servir para hacer el bien y perdonar. Desde entonces sería sacerdote para siempre. El gozo y la alegría que se sienten no se pueden describir con  palabras y a este gozo y alegría hay que añadir la alegría de la celebración de mi primera Misa en que sentí el cariño sincero de todo mi pueblo que se volcaba para agasajarme. Cuando viene a mi memoria este recuerdo, mi corazón se llena de una profunda emoción y agradecimiento.

¿Qué te motivó para ir al Seminario? Cuéntanos un poco cómo sentiste la llamado de Dios para el sacerdocio...

Creo que fue un conjunto de cosas. Había por aquel entonces una religiosidad popular muy arraigada. Recuerdo especialmente la celebración de la Cuaresma y de la Semana Santa, con las mozas de la Virgen, los siete domingos de San José y el mes de las flores. En tiempo escolar los niños íbamos a misa los domingos y también al Rosario en algunos momentos del año, no sé si en el mes de mayo o en octubre. Asistíamos los chavales de la escuela a todos los entierros, íbamos los primeros en dos filas precedidos de una cruz sin crucifijo.

Después de la Primera Comunión yo me hice monaguillo… Y un día apareció en la escuela un fraile que nos habló de las tareas que realizaban tanto en España como en tierras de misión. Y aquello me llamó la atención de tal forma que cuando dijo si queríamos ir algunos con él yo levanté la mano. Entonces el maestro, don Lucio Millán, comentó con mi padre si no le parecía mejor mandarme al Seminario. Mi padre habló con don Ángel Segura, el párroco de entonces, y con él comencé a estudiar. Él me preparó para el ingreso primero en el pueblo. Vayan para ellos mi recuerdo y profundo agradecimiento. …Y así empezó todo.

¿En que ha cambiado Villalmanzo y nuestra sociedad en estos años?

Pudiéramos decir que la diferencia es considerable. Son distintas las calles que entonces no estaban asfaltadas y por eso llenas de barro en invierno y llenas de polvo en verano. Las viviendas han mejorado considerablemente, entonces no había agua corriente había que ir a la fuente a por ella, el corral u otro sitio discreto era el lugar para hacer las necesidades, no había ni frigoríficos ni lavadoras y la gente tenía que ir a lavar la ropa al arroyo o a las pozas, era muy frecuente el tener la cuadra para el ganado dentro de la vivienda. Imagínate donde ahora ves aparcados los coches entonces se aparcaban los carros. Había mayor trasiego de gente por la calle, cada día se iba a por el vino fresco a la bodega y siempre se ofrecía un trago a quien se encontraba en el camino. Había más pobreza, pero también más alegría y más convivencia. Cantaban las mujeres haciendo la labor de casa, se cantaba en el campo haciendo las tareas de labranza. Creo que será muy difícil para los jóvenes que no lo han conocido imaginarse cómo    estaban las eras durante los trabajos de trilla y recolección. En fin, hoy el pueblo ya no es agrícola exclusivamente, sino que tiene más parecido con la vida de una capital.

En el aspecto humano creo que hoy la gente es más independiente, más encerrada en sí misma, a pesar de los medios de comunicación creo que es menos comunicativa, nos cuesta incluso dar los buenos días. Creo que hemos perdido algunos puntos en humanidad. Pero también hay muchos aspectos positivos que no puedo ahora pararme a detallar. Antes había más vocaciones: en nuestro pueblo algún sacerdote y religioso. Si comparamos el antes y el ahora yo te puedo decir que en los años en que estuve en el Seminario Menor como formador los seminaristas que allí había superaban el número de cuatrocientos, ahora se cuentan con los dedos de la mano.

Clementino Arnáiz Rodrigo

¿A que se debe que hoy no surjan niños y jóvenes que quieran ser sacerdotes religiosos o misioneros?

Esta pregunta es muy difícil de contestar, por eso pienso que lo que yo puedo decir no va ser del agrado de todos. Pero ahí va mi opinión. Quizá empezaría por decir que hay menos niños; que la gente se casa de avanzada    edad; que los padres tienen como un sentido de propiedad de sus hijos, cosa que quizá en otros momentos se tenía como asumido que los hijos son un regalo de Dios a los que hay que cuidar y educar; ahora es posible que se planifique la familia no por la generosidad de un amor que da la vida sino por la comodidad de evitarse las menos complicaciones posibles. Así es más difícil ofrecer un hijo a Dios. Cuando los hijos son numerosos hay para todo.

Por otra parte no se cultiva la vida de oración, indispensable para poder escuchar la llamada de Dios. Es muy frecuente ofrecer a los niños y a los jóvenes como objeto de su vida el pasárselo bien. Creo que las diversiones no son sanas, que con frecuencia se utiliza a los jóvenes como objeto de consumo. Creo que lo que los mayores ofrecemos a los jóvenes no les ayuda a crear en ellos altos ideales. A veces pienso que en nuestra sociedad las ideas se han vuelto locas y todos andamos un poco a la deriva. Pero no quiero terminar con esta impresión pesimista.

Miro ahora a esos jóvenes formidables que se preparan concienzudamente para ser buenos profesionales y buenas personas y con frecuencia muchos de ellos son buenos cristianos. Pienso que este es el futuro de la humanidad y sobre ellos se apoyarán los cimientos de la sociedad de un mundo mejor. No sé si pronto o tarde se repetirá en Burgos la escena de aquel 21 de septiembre del año 1963 en que 27 jóvenes nos ofrecimos a la Iglesia para ser consagrados sacerdotes. Esto ya es hoy realidad en algunos lugares lejos de la vieja Europa.

Clementino Arnáiz Rodrigo


A ti te gusta venir mucho a Villalmanzo y siempre haces gala de tus orígenes cascajuelos. ¿Qué es lo que te gusta más de nuestro pueblo? Y ¿que te gustaría que mejorara?

¡Cómo no me va a gustar! Aquí están mis raíces, cada rincón está llenos de recuerdos, aquí he pasado los diez primeros años de mi vida que no cambio por el niño más rico del mundo, los juegos de la escuela tan creativos, la observación de las plantas, de los animales, de las personas ha sido el libro más importante de mi vida. Me gusta el campo donde tanto he trabajado y tantas peripecias han ocurrido. Por eso cuando puedo me doy una escapada.

Lo que me gustaría que mejorara es su forma de hablar. Se me hace de todo punto incomprensible la blasfemia. Quizás, en la mayoría de los casos, se haga de forma inconsciente, pero no por eso deja de ser algo degradante y ofensivo. A mí se me hace muy difícil el poder alternar en el bar y estar constantemente oyendo blasfemias. Me da una profunda pena. Creo que esto sí que se puede mejorar.

Un último mensaje para todos nuestros lectores.

Que me da mucha alegría que se publique EL CASCAJO y que tengáis tantas cosas culturales y recreativas. Que cultivéis vuestras tradiciones religiosas, que son el sello de vuestra identidad como pueblo. Y ante tantas muestras de cariño deciros desde lo más profundo del corazón: ¡Muchas gracias por todo y a todos!

 

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