LOS AGOSTEROS
Eran aquellos obreros que se ajustaban con los labradores para realizar las faenas del verano. Los que tenían una hacienda grande buscaban jóvenes fuertes y esforzados para los trabajos más duros del verano en el campo y en la era. En el pueblo comentaban "lo mucho" que les iban a pagar. Deberían hacer las faenas de la siega, la trilla, la bielda… Su jornada empezaría antes del amanecer y acabaría entrada la noche. Recibirían un trato familiar y si no eran del pueblo pernoctarían en casa del amo.
En los años 50 del siglo pasado, la agricultura del pueblo era casi totalmente manual, aunque ya habían aparecido las primeras segadoras. Alguna antigua película recrea el drama que supuso para los segadores su llegada. Jornaleros que en cuadrilla segaban con hoz los campos de Castilla y Andalucía se quedaron sin trabajo ni paro. En Villalmanzo todavía había familias humildes que segaban con hoz sus pequeñas fincas formando haces.
El verano que esperaba a los agosteros era casi de esclavos. Las largas jornadas sin descanso se sucedían. Los diversos y pesados trabajos de verano a pleno sol o con el frío cierzo, empezaban con la recolección de: yeros, algarrobas, titos y garbanzos, a mano o con hoz. Después venía la siega de las mieses: cebada, trigo, avena y centeno. Las primeras de segar hacían las gavillas que se amontonaban en morenas y se arrastraban las cañas sueltas.
Terminada la siega, con el carro preparado con andamios y redes, acarreaban las mieses a la era cada día. Salían de noche hacia las fincas lejanas sin luz y a veces se perdían. Hubo un agostero que dormía en el carro para así estar preparado. Con tres carretadas tenían para trillar aquel día. La trilla era durísima, dando vueltas al sol sin descanso, con el picor del polvo y las motas en los ojos. Las comidas eran breves y en familia, en ocasiones en la era. Terminada la trilla de las mieses, venía la bielda. Ya entonces había alguna beldadora. Trabajo también muy duro moviendo la máquina y quitando la paja. Después había que ensacar, midiendo el grano y acarrearlo a las trojes o al silo. La paja se llevaba a los pajares. La lluvia complicaba mucho las tareas retrasando las faenas. Acabándose el verano finalizaba el contrato.
Hoy no hay agosteros. Desaparecieron cuando llegaron las cosechadoras realizando todas esas duras faenas en la misma finca. El recuerdo de aquellos agosteros, gente dura, esforzada y sacrificada, perdura en la memoria de quienes lo vivimos.
Ardem