Cosas de antaño

LAS  ESPIGADORAS

En el ambiente rural de Villalmanzo de los años 50, la llegada del verano suponía el principio de unas arduas faenas: la recolección de las mieses. A mediados de junio comenzaban a pelar: yeros, algarrobas, titos y garbanzos. Venía después la siega de: cebada, trigo, avena y centeno. Se acarreaban a la era en carros con andamios y redes. La trilla con el polvo, el bochorno, el cierzo, el picor y las motas en los ojos era de lo más pesado. Duro también era dar vueltas en la beldadora que ya empezaba a sustituir al bieldo. Se acababa en septiembre guardando el grano y la paja.

Las espigadoras

En aquellos años hubo una gran revolución. Apesar de la pobre economía se dejó la siega con hoz y los haces. Aparecieron las primeras segadoras mecánicas en Villalmanzo. Mi padre compró una de segunda mano (1940). Esto supuso un gran avance con una corta más rápida. Pero dejó a muchos segadores sin el pesado trabajo. Estas máquinas tiraban las gavillas al suelo y después se recogían en morenas arrastrando las cañas sueltas. Después venía el acarreo de las mieses. Entonces accedían las espigadoras al rastrojo tratando de recoger aquellas cañas que aún llevaban la espiga o la que caía al suelo, antes de que entraran los rebaños de ovejas.

Desde tiempo inmemorial, se ha espigado en los campos. Recordemos aquella bonita página de La Biblia, en el libro de Ruth. El dueño del sembrado le permitió espigar en su campo e incluso decía a sus segadores que dejaran algunas espigas. En el precioso cuadro de  Millet, vemos a las espigadoras "doblando  los riñones" para recoger  unas cuantas espigas.

En Villalmanzo, por entonces, las familias que no tenían hacienda solían aprovechar para recolectar algunos kilos de trigo y cebada espigando. Iban la madre y las hijas porque los varones se ajustaban como agosteros. Vestidas con largas sayas, delantal y pañuelo a la cabeza espigaban desde la mañanita hasta el mediodía. Debían soportar el calor, las cañas cortantes, las pinchas de los cardos, "la sed y la fatiga"... Solían llevar un saco para echar las espigas y hacían también moragas con las cañas largas.

En los años 60 se fue mecanizando el campo. Aparecieron los primeros tractores y años después las cosechadoras. Fue una época de emigración de muchos braceros a las zonas industriales. Desaparecieron las tradicionales espigadoras. Sin embargo, cada año vemos en el Parmo una espigadora en plena faena. María Luisa, la Monarca vuelve a recordar sus años de juventud en el pueblo. Ataviada a la antigua usanza, por las mañanas, a pesar del calor, espiga lo que puede para sus gallinas. Cada verano, sin necesidad de hacerlo, revive aquella faena y dice que no se avergüenza de ello.

Vaya este recuerdo emocionado a aquellas espigadoras, que en mi niñez todavía practicaban esta ocupación, agradeciendo que hoy haya desaparecido por innecesaria.

 Ardem