LOS TELEROS DE VILLALMANZO
Vamos a recordar un oficio, ya perdido, como era el de vendedor ambulante de telas: el Telero. Llamado así por estas tierras,
Desde el inicio de la humanidad, la vestimenta fue esencial para su supervivencia y después como adorno. Primero como abrigo del frío con pieles de animales. Aprovecharon las
fibras vegetales y las tejieron después. Inventaron las agujas de hueso. Empezaron a hilar con el huso y la rueca también fibras de animales. Crearon telares y usaron tintes para colorear sus tejidos. Apareció la moda. Las cortes rivalizaban en vestimentas llamativas y después las clases pudientes. En la época moderna aparecieron las fibras artificiales y los procesos mecánicos tanto de fabricación de tejidos como de estampación de los mismos.
LOS TELEROS: hasta el final del siglo XX han ejercido su profesión por estos contornos. En un fardo llevaban bien plegadas diversas telas. Cargado a sus espaldas o en la cabeza, iban de casa en casa. Entrando en las glorias, el telero exponía sin prisas los tejidos a las señoras reunidas haciendo labores o jugando. Que si un corte para sábanas o para manteles o para faldas... Allí desplegaba el fardo y con su labia trataba de vender algún retal para la casa, el ajuar o alguna prenda. Me admiraba cómo rasgaban las telas para sábanas en línea recta. Era frecuente el paso de señoras gitanas ofreciendo puntillas como una labor extraordinaria para adornar las prendas de vestir.
ALGUNOS TELEROS llegaban en los autobuses de línea. Otros tenían su residencia en alguna casa del pueblo o en la fonda. Como La Graciosa, gitana muy bella que con su familia habitaba en una casa de la zona de Solascasas. Vendía en el pueblo y en las cercanías. Después de unos años se marchó con toda la familia. También los Torralba se dedicaron a la venta de telas. Vivieron en la calle la Paloma. Después de unos años también desaparecieron. La familia Carazo de Lerma: El padre traía a la espalda el fardo y en la mano un listón de metro para medir las telas y que usaba de bastón. Con el tiempo adquirió una bici y en el soporte llevaba el género. Después le sucedió su hijo Domingo cuando era mozo con la bici y más tarde con un coche con la carrocería de madera que iba lleno de telas y de averías. Después se centró en su tienda de Lerma.

LOS TELEROS DE VILLALMANZO: Florentino Vega y María García. Los dos hermanos mayores de Florentino, procedentes de la zona de Sanabria, vinieron a hospedarse en la fonda del tio Victorino. Desde aquí recorrían los pueblos vecinos llevando sus telas. En los años 50 trajeron a su hermano Florentino. Por aquí empezó a hacer sus primeras ventas de tejidos acompañando a sus hermanos. Compró una moto para los desplazamientos y llevar los géneros con más facilidad. En el 1962 se casó con María, la telera, y con toda ilusión fijaron su residencia en Villalmanzo. Compraron una casa en la calle la Paloma, donde pusieron la tienda. Tuvieron familia y Florentino, tan emprendedor, viendo otras oportunidades, se fue a trabajar a Suiza durante tres años.

Volvió de nuevo a Villalmanzo y se estableció como telero. Con su furgoneta recorría los pueblos de la comarca vendiendo telas, colchones y comprando lana. Solía poner la parada en la plaza del pueblo y con un toque de bocina se anunciaba. A finales del siglo pasado en los pueblos solo quedaban señoras mayores porque las jóvenes se habían ido a la ciudad a servir. Al mejorar la economía también iban cambiando las costumbres. Como pocas veces iban a la ciudad, tenían la oportunidad de comprar ropa en la plaza. Fueron quitando los colchones de lana y cambiándolos por los modernos. Y Florentino con toda amabilidad se los surtía. En Villalmanzo tenía un pequeño almacén donde acumulaba la lana. Jubilado y tras una larga enfermedad nos dejó en 2003. Su figura de vendedor atento, unida a la de su amable María, serán recordados, con nostalgia por los cascajuelos, como los últimos teleros de Villalmanzo.
CARRIGUERA