A pesar de la oscuridad, desde el manantial de Valdesendero por la falda de la ladera, buscaban la cima de la Mira de Otero, allí se encontraban más cómodos; ya era la noche. Parecía, el cielo, estar clavado en su armazón con infinidad de tachuelas de luz que, eso eran o parecían ser las estrellas.