LOS PAJARES DE VILLALMANZO
El pajar: En los años 50 del siglo pasado, en todos los corrales de las casas y en algunas de las tenadas había uno. Era un pequeño almacén dedicado a conservar la paja. Sencillo edificio, algo descuidado, pero muy útil para los agricultores. Construido con el clásico adobe, pequeño espacio diáfano de hasta 50 m2, solía tener el suelo de tierra y dos alturas, dando una puerta a la calle o al corral y un ventanuco en la parte alta, a la calle. Rellenada con paja la parte baja, se cerraba la puerta y se seguía echando por el ventanuco hasta que se llenaba. Desde tiempo inmemorial se usó en Villalmanzo hasta los años 90. El progreso con la mecanización del campo y la desaparición de los animales de tiro, de ovejas y cerdos, los privó de utilidad. En ellos ya no se guardará más aquella paja molida, para los más diversos usos.
La paja: Es la parte de la caña de los cereales y del tallo de ciertas leguminosas. Era troceada por el trillo, después por la trilladora y hoy por las cosechadoras. La obtenían de diversas plantas y tenían cada una su aplicación en el pueblo. La paja en la recolección de verano en Villalmanzo, era sobre todo de trigo y de cebada. Pero con el minifundio del lugar, las tierras de secano, mal labradas con mulos y vacas y sin más abonos que algo de estiércol o el barbecho, apenas si conseguían mieses altas. Las cañas eran cortas, salvo en algún escaso corro en las tierras más fértiles donde se tumbaban. En cambio, la caña del centeno era más larga aunque se sembraba poco y las matas estaban ralas. Las cañas de las leguminosas eran cortas y se obtenía poca paja.
Clases de paja: En Villalmanzo la escasa paja se obtenía de las siguientes plantas que cultivaban. -La de trigo, era la más recogida. Los trigos raras veces sobrepasaban el medio metro de altura. -La de cebada, era después la más recogida, con cañas cortas. -La de centeno, era la caña más larga. Se sembraban pocas tierras.-La de avena, era de tallo fino, corto y se producía poca cantidad.-La de yeros, algarrobas, lentejas, “titos”, esparceta y alfalfa, era una paja corta y oscura, un poco áspera pero muy apreciada para hacer pienso para las ovejas. Se sembraba en pequeñas cantidades. En los años 60 se introdujo el cultivo de alholvas, veza y guisantes.
Obtención de la paja: En verano, en la era se trillaban las mieses y ya muy molida la paja, se amontonaba con el grano en la parva. Acabada la trilla de toda la cosecha se procedía a beldar. Con el bieldo se aventaban pequeñas paletadas cuando el viento era oportuno, que se llevaba la paja dejando el grano. En años 50 apareció la beldadora, una máquina práctica pero muy trabajosa que debía ser atendida por dos o tres personas. Girando un ventilador originaba viento que se llevaba la paja y cribaba el trigo. La paja se amontonaba con la bielda, formando un balaguero.
Transporte: Acabada la bielda y habiendo retirado el poco grano que con gran trabajo se conseguía, quedaban en las eras los balagueros. Estos aparecían como diversos montones y los más voluminosos eran los de paja de trigo y cebada. Convenía retirarla a los pajares lo antes posible para que no se mojara y pudriera. Se preparaba el carro con unas cartolas laterales y una lona por delante y por detrás. Como las familias de Villalmanzo eran numerosas, todos ayudaban en las faenas. Una persona mayor y un muchacho podían acarrear la paja. Con el carro junto al balaguero, mientras uno le echaba paja con la bielda, el otro la distribuía y compactaba sin quejarse del polvo y las motas. Llegados al pajar, se la introducía por la puerta o desde el carro por el ventanuco. Dentro del pajar, a pesar del polvo los niños jugábamos a perseguirnos y tirarnos. Los mayores distribuían y pisaban la paja para que cupiera más. Allí como no había mascarillas, nadie estaba “exento de polvo y paja”.
Usos: La paja se guardaba principalmente para alimento y cama de los animales. Se regulaba su consumo para que durase hasta la cosecha siguiente. La paja de los cereales mezclada con granos de cebada, trigo y harina era utilizada como principal pienso para los animales de tiro como caballos, mulos, burros y vacas. También se extendía paja por el suelo para cama de los animales, en cuadras, tenadas y cochineras, que más tarde sería un buen abono. La paja de avena y de leguminosas se utilizaba mezclada con yeros, algarrobas, esparceta, avena y centeno para pienso de las ovejas y cabras. Con la paja de centeno se chamuscaba el cerdo y anudada en vencejos, ataban los haces de mieses y sarmientos. Entre otros usos, la paja unía los adobes al hacerlos y la arcilla al revocar paredes. Se echaba en las calles embarradas para caminar mejor. Calentaba las glorias. Hacían fibras textiles, como el rayón o papel. Por desgracia, cuando la pobreza era extrema y no daba para tener colchones de lana, se usaba para rellenar jergones. En estos y en sacas con paja, en los años 50, eventualmente, descansaban de los duros trabajos de campo: jornaleros, agosteros y vendimiadores… Antes de hacer la Caseta de los Pobres, mendigos, gitanos y gente de paso, encontraban refugio en los pajares. Y aunque los había fumadores, nunca se incendió ningún pajar.
Conclusión: Hoy, la calle de Los Pajares nos los recuerda. Aunque los estudiantes sigan metiendo “paja” en los exámenes, ya no se guarda en los Pajares de Villalmanzo. No hay ovejas y los animales de tiro han sido sustituidos por tractores y otras maquinarias. Las cosechadoras trituran o dejan la caña, que se recoge después formando rollos o pacas. Ya no se quema en los rastrojos. Los pajares han cambiado de uso o se han derruido. Recuerdo de niño, en un pajar cerrado mucho tiempo la pajiza producía un gas que echaba para atrás. Aunque las noticias nos dicen que “hay hombres de paja”, y fácilmente “la vemos en el ojo ajeno…”o seguimos enfadándonos por un “quítame allá esas pajas”, en el pueblo ya no la usan ni los espantapájaros. El cambio del mundo rural ha sido radical: no hay pajares, ni jergones, ni animales en los corrales. Los mayores recordamos con pena a aquellos: pobres, mendigos, vendimiadores, jornaleros…, que los pajares cobijaron en gélidas noches y lamentamos la desaparición de aquellos sencillos Pajares de Villalmanzo, que el tiempo se llevó…
Carriguera