LAS FUENTES DEL CAMPO
Recordemos las fuentes en el término de Villalmanzo, en la primera mitad del siglo XX, tan añoradas especialmente en verano.
Villalmanzo “goza” de un clima extremado y está situado en una zona seca, con una pluviosidad media anual de 460 mm. Los que tenemos unos cuantos años vemos cómo ha cambiado el clima. Decimos que ya no nieva como antes, Recordamos aquellas nevadas copiosas que duraban unos días y los niños hacíamos bolas gigantes. Hoy comprobamos que apenas si cae la nieve y desaparece pronto. Las precipitaciones son espaciadas y débiles. Por otra parte las extracciones de agua en terrenos con pozos profundos y el laboreo con tractores con grandes arados han cambiado la aparición de las aguas superficiales sobre los terrenos de Villalmanzo. Estos manantiales eran muy apreciados por pastores y agricultores.
En época de la recolección, a mediados del siglo pasado, en Villalmanzo, salían las cuadrillas: familias y agosteros, a realizar las labores en el campo. Llevaban: hoz, rastro, garia y máquina segadora o carro con los mulos. Iban cantando o silbando. En medio de la pobreza y del trabajo abrumador, había alegría. El áspero campo daba unas míseras cosechas. No se abonaba casi, aunque había fachadas del pueblo con carteles de Nitrato de Chile, de Noruega y en la carretera. Los abonos artificiales eran malos, caros y escasos. Los naturales, basura, estiércol, se repartían por la fincas en pequeños montones, carguillas, que con una garia extendían. Otras se dejaban de barbecho para que se recuperaran.
En la época canicular de la siega se decía: -“¡Ay que sed! El botijo está vacío. Vete, a la fuente...” Operación complicada que encargaban a los niños, debiendo buscar un manantial. Los mayores nos orientaban. Estaba en un arroyo, entre hierbas altas y junqueras. Dar con la fuente era una odisea, sorteando ribazos, arroyos, desniveles, cardos, ortigas y culebras. Peligrando con un resbalón, un tropiezo, el cuerpo y el botijo. Una pequeña senda hacia el cauce, era una pista. La fuente era un pequeño hoyo de 10 cm que concentraba una mínima corriente. El botijo no se podía sumergir, se removía el fango enturbiándose el agua. Tardaba en aclararse y como se podía, lo llenábamos volviendo a la cuadrilla, que nos reprochaba la demora.
Fuentes: Manantiales que aparecen en la superficie terrestre con más o menos caudal. En Villalmanzo con la escasa pluviosidad, en la primera mitad del siglo XX había pocas fuentes que originaban diversos arroyos por todo su término. Manantiales someros que con los “encaños” y sangraderas iban engrosando el escaso caudal de los arroyos. En algunos lugares aprovechaban sus aguas, para a su vera, tener pequeños huertos. Recordemos las principales fuentes: Fuentemora, Manatiestos,. Población, Valdelerma, Adoberas, Piñuela, Valdelata, Fuentepollino…
Fuentemora: En la zona norte junto al arroyo, en la Jalvivera, había un manantial. En el centro de un gran charco afloraban entre burbujas unos chorros. A los niños esas burbujas nos daban miedo pensando que serían como arenas movedizas y nos tragarían. Así que no nos metíamos. Siempre daba agua muy fresca y abundante. De esta fuente se canalizó el agua para surtir al primer depósito que abastecía al pueblo en los años 60. Hoy una caseta y un depósito de hormigón ocultan la fuente.
Fuente de Manatíestos: De una pequeña pendiente en Valdemanzo sale una corriente en el límite con el término de Lerma. Era un remanso grande con plantas, agua abundante y clara. Su corriente regaba la huerta más abajo y desaguaba en el próximo arroyo. De aquí cogieron agua para una granja. Excavaron el terreno y hoy lleno de zarzas y maleza, es inaccesible.
Fuente de Población: En terreno lindando a Lerma hay una construcción de mampostería y ladrillo muy antigua y bonita, resto de un asentamiento. Tiene forma cuadrada de 2 x 2 m y una altura de 2 m coronada por una falsa cúpula abierta, de ladrillos. Una puerta pequeñita da entrada a un reducido espacio en cuyo suelo aparecen tres caños de cerámica que dan agua a una pila que rebosa por un orificio a otra exterior. Aquí, cuando éramos niños había cangrejos. Hoy da pena ver esta construcción en un entorno silvestre con un árbol que casi tapa la entrada y unos matorrales que impiden su acceso y visión.
Encañados: En las tierras que aparecían humedales, se saneaban haciendo encañados, “encaños” (para los de Villalmanzo). Consistían en unas zanjas con inclinación desde el manantial hacia el próximo cauce para canalizar las corrientes de agua. A falta de cañerías, las zanjas se rellenaban con piedras hasta una determinada altura y lo demás con tierra para poderse labrar. El agua se deslizaba entre las piedras saliendo al arroyo, formando una pequeña fuente. Había muchos “encaños”, pero con caudales escasos como el de: los Chozos, Villabrán, Valdelerma, Valdeporros, Valdesendero…
Sangraderas: Eran sencillas canalizaciones superficiales de humedales con surcos un poco profundos. Conducían también las aguas de lluvias de pequeños valles.
Los arroyos: Hay varios arroyos en el término municipal de Villalmanzo que corren hacia el sur siendo afluentes del río Arlanza. Nacen en manantiales someros y de muy poco caudal serpenteando entre ribazos, canalizando las avenidas. A lo largo de su recorrido recibían otros pequeños manantiales y “encaños” que apenas en verano podían mantener un escaso caudal o secarse. En diversos tramos aparecía una hoya de apenas un metro y en otros lugares los agricultores hacían unas pequeñas presas con pellones de césped para regar a calderadas un huerto al lado del cauce. Las escasas corrientes, eran claras y permitían la vida de animales como: cangrejos, bermejas, tritones, ratas de agua… Las hoyas y presas servían para abrevar la ganadería. Algunos arroyos son: Valdesantillán, Madre, Valdemansilla, Piñuela, Villabrán…
Canales: Villalmanzo no ha destacado en horticultura. No disponía de agua abundante, ni una vega extensa. Apenas si aprovechando la proximidad a un arroyo o fuente, tenían unos pocos surcos con: cebollas, lechugas, ajos, berzas, puerros, patatas, pimientos… En Valdemanzo, junto al Pontón se hacía una presa y bordeando el camino había un rústico canal de tierra para regar una zona llana. Como el caudal del arroyo era mínimo en verano, el agua apena si llegaba a los últimos huertos.
Conclusión: Desde los años 50 que estaban los pastores con sus rebaños por los campos, estas fuentes, “encaños”, han ido desapareciendo o solo aparecen en épocas de lluvias. Los pastores y el guarda del campo, Basilio, las cuidaban un poco. Ya nadie aprovecha las débiles corrientes para tener un huerto a su paso ni abrevar rebaños, porque no los hay. Los pocos agricultores del pueblo, desde sus tractores, esperan que las cosechadoras recojan los cereales en pocos días y no necesitan fuentes. Aquel verano de nuestros padres es un recuerdo doloroso, con sus: madrugones, sofocos, sudores, insomnios, insolaciones, resecos... Los mayores todavía rememoran aquellas fuentes y “encaños” del campo, que mitigaron su sed y que el tiempo se llevó…
Carriguera