Cosas de antaño

LOS ESCARDADORES DE VILLALMANZO

Las hierbas, como todos sabemos, son plantas anuales de finos tallos. Y decimos que las hay buenas y malas según nos sean aprovechables o no. Pero como el refrán asegura que la mala hierba nunca muere, ha traído y trae de cabeza a agricultores y hortelanos. Crece espontáneamente y absorbe los nutrientes de la tierra, restándolos a las “hierbas” buenas: cereales, hortalizas y otras. Los campesinos deben eliminarlas. Y como las ciencias avanzan que es una barbaridad, ya desde mitad del s. XX, tenemos remedios más o menos eficaces para combatirlas: los herbicidas, con sus inconvenientes. 

Recordemos cómo las quitaban antiguamente y hasta mitad del siglo pasado. Los escardadores se dedicaban por oficio o eventualmente a arrancar esas plantas dañinas, en primavera para los cultivos de cereales. Con una azadilla con el astil (mango) a la altura del escardador, iban cavando y arrancando las malas hierbas. Las cuadrillas eran numerosas en campos extensos (de hasta 104 en Setenil, Cádiz) llevando cada uno una anchura de 80 cm. 

En Villalmanzo, hasta los años 60, las cuadrillas eran familiares de: padres, hijos y jóvenes jornaleros. Iban por todo el día a los campos, cantando y contando cuentos. Cuando trigos, cebadas, centenos… apenas si alcanzaban unos centímetros, había que distinguirlos de: cardos, ballicos, gramas, cizañas y otras hierbas malas. No había que demorarse para que no pasara como en la parábola de la cizaña. Si la faena se hacía un poco profunda era escavanar, (escavañar en Villalmanzo), sachar o sallar en pueblos vecinos. Para los cardos utilizaban un palo con una horquilla en el extremo y una hoz. Para las ortigas, a falta de guantes, usaban calcetines gruesos de lana. Mi madre, siendo joven, iba con su hermanito y éste lo pisoteaba todo, dejando el campo como si hubiera pasado el caballo de Atila. Pero reconocía que en la recolección lo escardado por el niño estaba mucho mejor. 

Vaya este recuerdo a los escardadores, “escavañadores” de Villalmanzo que con sus esfuerzos en las rigurosas primaveras logaron “buenas” cosechas.

Ardem

 

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