DOS DE AGOSTO DE 1812
Corría el año 1812. Desde 1808 los franceses habían ocupado la península ibérica: al inicio con sones de paz y, más tarde, con otras pretensiones de poder. Napoleón había instalado en el trono a su hermano, D. José Bonaparte, apellidado por los hispanos como “Pepe botella”. Durante estos cuatro años, muchos habían sido los episodios sangrientos y los actos violentos. Desde el levantamiento del 2 de mayo, los españoles se resistían a surtir de viandas y de todo lo necesario a un ejército imperialista e invasor.
El Cura Merino, el cura de Villoviado, hacía de las suyas por estas tierras instigando a los franceses, cortando suministros, impidiendo el paso de correos… Estas tierras de Villalmanzo, situadas a la vera del Camino Real que unía Madrid con Francia, fueron testigos de infinidad de escaramuzas y emboscadas que dieron lugar a muertes y sufrimientos.
El 22 de julio de aquel año de 1812 sucedió algo que iba a cambiar el transcurso de aquella guerra irracional. En Arapiles, provincia de Salamanca, se enfrentarían a campo abierto las tropas aliadas del eje anglo-hispano-portugués, comandadas por el general Arthur Wellesley, primer duque de Wellington, contra las tropas francesas lideradas por el mariscal Augusto Marmont. En aquel terrible choque los aliados sufrieron 5.220 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, de los cuales 3.176 fueron británicos, 2.038 portugueses y 6 españoles, mientras que el ejército francés perdió unos 12.500 hombres, incluyendo los prisioneros. La victoria fue importante. El ejército francés se batió en retirada. A su paso por las principales vías de comunicación, en su regreso desesperado hacia Francia, las tropas, muchas veces sin oficiales de mando, cometieron todo tipo de pillajes y desmanes. Las poblaciones se encontraban desguarnecidas y el odio del invasor era grande, así como sus ansias de llevarse un suculento botín que pudiera paliar las estrecheces de la vida militar.
El 2 de agosto pasaron por Villalmanzo. Sin duda que los moradores no les recibieron con alegría y tampoco proveyeron con víveres para su marcha. Así que, enfadados a la vez que impotentes, dieron fuego al pueblo por los cuatro costados. El libro de la Cofradía de la Vera Cruz se encarga de recordar lo que aquel día pasó: “En el día 2 de agosto, dieron principio las tropas a quemar el pueblo de Villalmanzo, de la retirada que hicieron de la batalla de los Arapiles año 1812”.
El libro de memorias de la Parroquia indica que “incendiaron la mayor parte de los edificios de casas, lagares y pajares de esta villa de Villalmanzo”. Según la tradición, de aquel voraz incendio solo se salvaron la iglesia, la antigua casa rectoral (la que conserva una magnífica fachada hoy casi en ruina) y algunas casas del barrio de Cantarranas, lo que hoy se denomina “solas casas”. También el archivo parroquial quedó seriamente dañado. Por ello, los sacerdotes de entonces procedieron a volver a apuntar en el libro de bautismos tomando declaración a sus padres.
Pronto el pueblo tuvo que ser reconstruido: de ello queda constancia en los numerosos testimonios de los libros parroquiales que hablan de esfuerzos y penalidades. Las adoberas quedaron “agotadas”, los cascajuelos quedaron condonados del pago de impuestos a la iglesia, cofradías y demás entidades… Todo ello será recordado el próximo 25 de agosto en una fiesta popular.